El paseíllo por los juzgados terminó en la cárcel

En los últimos días han ingresado en prisión el expresidente del Barcelona José Luis Núñez y la cantante Isabel pantoja; Jaume matas veía como le era revocado el tercer grado y tiene que volver a ingresar en presidio. A la espera, Carlos Fabra


El auto que revoca el tercer grado de Jaume Matas, condenado por un delito de tráfico de influencias en el caso Palma Arena, es contundente: «No hay prueba alguna de la existencia de arrepentimiento, asunción del hecho, conciencia del daño causado y del descrédito causado a la Institución Pública. Lo único que cabe afirmar es que [...] ha hecho hasta el último momento, legítimamente, todo lo que ha podido para no cumplir la pena». La Fiscalía que logró que se anulara el tercer grado a Matas, lo que le permitía ir únicamente al centro a pernoctar, ha puesto en duda que el expresidente de Baleares desarrolle actualmente una actividad profesional. El hecho de tener un empleo es una de las circunstancias que se tienen en cuenta a la hora de conceder este beneficio penitenciario. Jaume Matas, que se dio de alta como trabajador autónomo pocos días antes de salir de la cárcel, afirmaba que desempeña un empleo de consultor. Su despacho está ubicado en el mismo domicilio de Madrid donde reside desde hace cinco años con su familia. La Fiscalía sospecha que este trabajo no existe precisamente porque su despacho está ubicado en la residencia habitual. Además, Matas no presentó documentos que demuestren la actividad económica de su empleo.

Soberbio, igual que Isabel Pantoja. Aunque en las últimas horas previas a su entrada en la cárcel de Alcalá de Guadaíra la cantante barajó la posibilidad de pedir perdón públicamente, su nivel de altanería durante el largo proceso superó al del expresidente mallorquín. Enredada en los últimos años en una intrincada batalla judicial, la inquilina de Cantora no ha podido escapar finalmente de la cárcel, a pesar de que su condena por blanqueo de capitales, de dos años, no suele penalizarse con el presidio. Sin embargo, en la sentencia de la viuda de España se destila una intención ejemplarizante que pretende dejar claro que, en el futuro, los delincuentes de guante blanco no saldrán impunes de sus acciones. De hecho, la sentencia califica los hechos de muy graves y considera que la pena de cárcel debe servir de freno a este tipo de delitos. En total desacuerdo se ha mostrado su hijo Kiko Rivera, quien, con la impotencia propia de una situación de este tipo, ha asegurado esta semana: «¿Ejemplarizante? ¿Ya se han acabado los problemas de los españoles?: ¡odio mi país!» Ella, en cambio, aceptó con mucha tranquilidad en su entorno íntimo: «Ya está», dijo con alivio y serenidad.

Pero la Fiscalía de Málaga, que tenía en principio previsto pedir tres años de prisión para la tonadillera y finalmente rebajó la pena, sí se mantuvo fiel a su intención de que Pantoja ingresase en prisión. De hecho, todos los personajes más mediáticos vinculados a la corrupción de Marbella están entre rejas. El pasado 27 de octubre ingresó en la cárcel de Alhaurín de la Torre Maite Zaldívar, exesposa de Muñoz y tercer vértice del triángulo de un caso que apasiona a los medios del corazón y cuyo envoltorio rosa ha hecho olvidar, en demasiadas ocasiones, la gravedad de un asunto de blanqueo de dinero obtenido de forma ilegal por la gestión de un Ayuntamiento. Solo unos días antes que Zaldívar, penada con dos años y medio, ingresó su hermano Jesús también por este caso. Y tras un largo recorrido por los juzgados se produjo también la condena definitiva al octogenario presidente del Barcelona, José Luis Núñez, que entró a principios de semana en la cárcel por el caso Hacienda, que incluía el soborno a inspectores de este organismo, de las causas en las que estaba imputado, para cumplir una pena de dos años y dos meses. La audiencia de Barcelona se pronunció en términos muy similares a los de Isabel Pantoja y Jaume Matas. De nuevo, la soberbia: «Núñez no solo no reconoce el delito, sino que a modo de autojustificación se presenta ante la opinión pública poco menos como víctima de una injusticia, una actitud que dista diametralmente de quien [...] quiere solicitar perdón a través del indulto».

la hormona del amor

En el 2010, la Fiscalía acusó a Isabel Pantoja de blanquear 1,84 millones de euros procedentes de actividades delictivas de su entonces pareja, el exalcalde de Marbella, Julián Muñoz. A partir de entonces, la cantante se vio inmersa en un complejo proceso judicial en el que se mezclaron las páginas del papel cuché y las de tribunales. La famosa hormona del amor, que, según sus abogados, había hecho de las suyas para que la autora de la famosa frase «dientes, dientes, que es lo que les jode», no se diese cuenta de que Julián Muñoz la estaba engañando, hizo correr ríos de tinta, al lado de las chanzas sobre su famoso pollo a la Pantoja que servía en el restaurante de Fuengirola que tuvo que terminar cerrando, o de las andanzas de sus hijos Chabelita y Paquirrín. Incluso se rescató del olvido una maldición supuestamente pronunciada hace 30 años. Un hechizo verbal contra Isabel Pantoja, lanzado por Lola Flores. La viuda de España, como aseguraba hace poco Vanity Fair, no habría conseguido jamás un amor semejante al que vivió con el diestro y el más pasional desde entonces ha acabado llevándola a prisión. No triunfó su restaurante. Su hijo no es precisamente David Guetta. Su hija, sin oficio ni beneficio, está cada día más distante. Tiene dos nietos a los que casi no ve y un racimo de familiares viviendo a sus expensas. Así están las cosas en Cantora. Pero, frivolidades aparte, tanto en la primera acusación como en el juicio del caso Malaya, se impuso la cruda realidad judicial: el fiscal presentó toda una batería de hechos que demostraban la complicidad de la artista en los manejos de su ex.

Dinero negro de Muñoz

El blanqueo tuvo tres vías: la inmobiliaria, la financiera y la ganadera. Además del apartamento de Guadalpín, los fiscales demostraron que el chalé Mi Gitana, cuya compra oficial fue realizada por la sociedad Panriver (Pantoja-Rivera), fue en realidad adquirido con dinero negro de Muñoz, que siguió pagando las cuotas de la hipoteca hasta su ingreso en prisión. Durante los tres años que duró su relación con Julián Muñoz, Pantoja recibió en sus cuentas personales y societarias un total de 1,12 millones, cantidad similar a la que el juez le impuso como multa.

Su destino, la cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaíra, muy cercano a Sevilla, elegido por la propia Isabel Pantoja. Es un pequeño presidio inaugurado hace veinte años, con 83 celdas, algunas solo para uso individual, y otras preparadas para acoger entre tres y cinco camas, que acoge a mujeres que con condenas de segundo y tercer grado, por lo que, cuando la cantante haya cumplido un tercio de su pena podría salir a diario y solo regresar para dormir. De hecho, la estrategia de sus abogados se centra ahora en este punto, como hicieron en las últimas semanas los de Jaume Matas. Isabel Pantoja había barajado la posibilidad de ingresar en una cárcel cercana a Madrid para, una vez obtenido el tercer grado, poder trasladarse al Centro de Reinserción Social Victoria Kent, en la capital, pero finalmente ha decidido acercarse a su tierra, aunque desde su entorno también ha trascendido que el tamaño de la cárcel de Alcalá de Guadaíra, que solo permite acercar a 150 presas, también ha influido en su decisión.

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