La operación Púnica podría acabar con el legado de Isabel Carrasco en la Diputación de León

El partido ha aprovechado la polémica generada por la trama de corrupción para cerrar una etapa

Marcos Martínez, presidente de la Diputación de León
Marcos Martínez, presidente de la Diputación de León

Luis Vidal Huerga | EFE

Marcos Martínez Barazón tomó posesión como presidente de la Diputación de León diecinueve días después de que Isabel Carrasco fuera asesinada con la idea firme, según afirmó él mismo, de continuar por la «senda» de una forma de entender la política a la que ahora el propio PP pretende poner coto. El todavía presidente de la institución provincial, encarcelado en la prisión de Navalcarnero por la supuesta comisión de seis delitos en la trama de corrupción que ha desbaratado la Operación Púnica, había decidido encarnar la línea continuista frente a un sector latente que comenzaba a tomar aire en el PP leonés, contrarios a las formas de Isabel Carrasco. A Martínez Barazón y a Isabel Carrasco les había unido décadas de relación política, después de que la malograda presidenta dejara de contar para el presidente de la Junta de Castilla y León y del PP autonómico, Juan Vicente Herrera, con quien fue consejera de Economía y Hacienda.

De regreso a León, Carrasco logró el apoyo de los populares leoneses para ser la primera mujer en presidir el partido en la provincia de León, en la celebración del XI Congreso Provincial en diciembre del 2004. En las elecciones municipales del 2007, Isabel Carrasco iba, por voluntad suya, en la lista electoral del PP al Ayuntamiento de Cuadros, la misma lista que encabezaba el alcalde desde 1991, que se sometía a la reelección, Martínez Barazón. El objetivo no era más que lograr un escaño en la Diputación Provincial y ser elegida la máxima responsable de la institución por sus compañeros, después de tres años recabando apoyos como presidenta del PP leonés. Con Carrasco ya como presidenta, el número uno de aquella lista municipal se fue con ella a la institución para ocupar la Vicepresidencia primera y convertirse en su mano derecha y en la persona de máxima confianza, a nivel político y también personal.

Poco a poco, se fue deshaciendo de los hombres fuertes del anterior presidente y compañero de partido, Javier García Prieto, y fueron célebres las críticas que realizó a la anterior gestión en la institución provincial para, de forma paralela, ir rodeándose de personas que le mostraron absoluta lealtad. En el partido, por otro lado, existe la regla no escrita de que la Secretaría General debe ser ocupada por un berciano para equilibrar presencias territoriales, por lo que aquel cargo fue ocupado por el actual presidente en funciones, Eduardo Fernández. Pero Carrasco también encontró un lugar para Martínez Barazón como coordinador general del PP de León, un cargo desde el que, en estos últimos meses, ha intentado granjearse los apoyos suficientes para afianzarse en la Diputación y optar, además, a la Presidencia del partido en el congreso de la próxima primavera.

Sin embargo, Martínez Barazón no es Isabel Carrasco. No cuenta con su duro carácter, ni con la rotundidad en las formas ni con la severidad como lema, a pesar de que la que ya era conocida como la «presidenta de los trece sueldos» se había visto en sus últimos días instalada en la polémica. Hubo sombras de sospecha sobre la adjudicación de cuarenta plazas de auxiliar administrativo a personas cercanas a su entorno, se denunció el gasto de varios cientos de miles de euros en la remodelación de su despacho en la Diputación y se vio involucrada en otros escándalos como consejera de Caja España. Martínez Barazón siempre la defendió, pero nunca se vio afectado por ninguna de esas polémicas por lo que este hombre tranquilo, discreto y educado, que creció en política a la sombra de la presidenta, se erigió defensor de la forma de hacer política de Carrasco, pero sin Carrasco. «Isabel era Isabel y yo soy yo», llegó a decir en una conversación informal con periodistas, consciente de que ni él contaba con su carácter ni con sus tablas en política, pero también como una carta que podía jugar a su favor frente al sector del PP que no veía con buenos ojos que la figura de Carrasco tuviera continuidad. Pero Martínez enarboló la bandera del «carrasquismo» y comenzó a buscarse apoyos para afianzarse en la Diputación y postular a la Presidencia del PP de León, lo que alertó al sector crítico. Ahora, encarcelado en la prisión de Navalcarnero, el Partido Popular espera la devolución de sus actas de concejal y de diputado. Ha sido expulsado de la formación política y sus propios compañeros promoverán mociones de censura para apartarle del poder.

De este modo, ya nadie duda de que la polémica generada por la trama de corrupción está sirviendo al partido para cerrar una etapa.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
5 votos

La operación Púnica podría acabar con el legado de Isabel Carrasco en la Diputación de León