Rafael Vidal: «Me han operado 15 veces tras el accidente, pero algún día correré»

Mateo Balín MADRID / COLISA

ESPAÑA

Rafael Vidal estuvo en el fatal siniestro y lucha por recuperar su vida

20 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El estratega militar y filósofo de la antigua China Sun Tzu decía que «si no tienes más remedio que ir a la guerra, hazlo sosegado». Pues bien, si hay una actitud que ejemplifica el tortuoso camino que ha recorrido Rafael Vidal desde aquel funesto 20 de agosto del 2008 es la templanza y la encomiable calma para enfrentarse a un desafío sideral: volver a vivir tras regresar de la «peor de las batallas», relata uno de los 18 supervivientes del accidente del avión de Spanair, del que hoy se cumplen seis años y en el que fallecieron 154 personas.

¿Quién no hubiera enloquecido tras estrellarse a 400 kilómetros por hora y vivir para contarlo?, ¿quién no hubiera levantado jamás la cabeza tras permanecer 45 minutos inmóvil en un campo de sangre y fuego sin poder hacer nada?, ¿quién no hubiera tirado la toalla tras saber que una bacteria del riachuelo de la T-4 de Barajas casi le deja sin pierna?, ¿o que, tras agarrarse con fuerza a la vida, una aseguradora con millonarios beneficios quiere humillarles «con migajas»? «No hay duda. Es para llorar de dolor, sí, y también para gritar de rabia. Pero tratas de relativizar y pensar en frío: te toca donde te tenga que tocar. Antes había volado en avionetas cochambrosas en Venezuela y Camboya, y mira, a mí me tocó en Barajas», cuenta este ingeniero madrileño de 36 años. Hoy, seis años después de uno de los peores accidentes de aviación en España, Rafa mantiene intacta su lucha por defender los derechos de los afectados del vuelo de la extinta Spanair. Lo hace en primera línea, dando la cara, cuando otros supervivientes, por razones obvias, prefirieron dar un paso atrás. Ello, pese al esfuerzo añadido que supone recuperar su pierna izquierda en pleno fragor judicial. «Llevo un calvario de 15 operaciones y las que me quedan, pero estoy convencido de que algún día volveré a correr», asegura.

Rafa lleva un fijador externo para sujetar su maltrecha tibia, agujereada por doce sitios. Los hierros le atraviesan los tendones y cada vez que hace un movimiento en falso le provocan rozaduras. No obstante, los injertos de su pierna se fortalecen poco a poco y en invierno si todo va bien le quitarán el fijador. «Mi pierna ahora es como la de un niño pequeño al que le crece el hueso, la cuestión es que la tibia se fortalezca y el peroné se iguale. «No me debo confiar, porque en noviembre pasado se me volvió a romper la tibia, pero ya me lo tomo como parte de mi recuperación», afirma.