Jordi Pujol: Las venturas y desventuras del pujolismo y la caída del mito

El comunicado del que fuera presidente de la Generalitat durante casi un cuarto de siglo, en el que se autoinculpa como defraudador, ha sido el mayor terremoto político de la Cataluña contemporánea


Redacción / La Voz

Pasó de ser el paladín de los valores de una comunidad en la que al menos algunos de sus representantes públicos no se cansan de proclamar que «España nos roba» a defraudador confeso, de molt honorable a indigno. Se trata de un personaje sin parangón. Como médico de carrera, pero no de vocación, el franquismo lo tuvo casi tres años entre rejas por razones políticas. Como exbanquero en apuros, el primer Gobierno socialista de la democracia lo libró de volver a la cárcel por el caso Banca Catalana, según aseveran operadores jurídicos que les tocó de cerca por razones profesionales, como el ex fiscal Jiménez Villarejo. A partir de entonces lideró el nacionalismo catalán creando una marca propia: el pujolismo.

Con 84 años recién cumplidos, cercado por el constante goteo de noticias sobre un comportamiento de varios de sus vástagos muy poco honorable, aunque sí muy rentable, no se sabe si por decisión propia o por exigencias de otras instancias políticas y/o familiares, optó por inmolarse, tal vez por eso de que «la pela es la pela» pero «la familia es sagrada».

También hizo algo poco habitual, no se sabe si siguiendo el ejemplo de su amigo el rey Juan Carlos I, que tras lo de Botsuana, pidió perdón. Pero son muchos los que dentro y fuera de Cataluña piensan que Pujol mintió por enésima vez. Cuando se refirió a unos pocos milloncejos heredados de su padre y mantenidos en un lugar seguro y defendió a sus vástagos, debió creer que confesar constituía, en sí mismo, un acto expiatorio, pero hay muchos datos que apuntan a que el problema no se limita a unos pocos milloncejos, ni la cuestión puede definirse como un simple fraude fiscal, ni todos los hijos son víctimas inocentes.

¿Qué consecuencias va a tener esto para el pujolismo y/o el catalanismo? Si entendemos por pujolismo lo que el profesor Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra, define como «el proyecto político de sectores de la burguesía, pequeña burguesía y clase media de renta alta, así como de componentes importantes de la Iglesia en Cataluña, que intenta movilizar a amplios sectores de la sociedad catalana, incluyendo sus clases populares, con el objetivo de alcanzar una cohesión multiclasista alrededor del concepto de nación catalana, que definen como incluyente», la mayoría de los analistas apuntan que puede haber quedado tocado de muerte. Consideran que el gran beneficiado será el catalanismo radical que lidera Esquerra Republicana de Catalunya. Esta es la tesis, entre otros, de Manuel Mandianes Castro, antropólogo gallego que conoce muy de cerca esa realidad porque está afincado en Cataluña desde hace dos décadas. Otros, en cambio, apuntan que la crisis actual puede encajar en la tendencia al victimismo del nacionalismo catalán en su conjunto y acabar degenerando en una versión europea del peronismo argentino o del aprismo peruano.

Es más que probable que al menos durante un tiempo los pujolistas más fieles se sientan un poco desorientados. Tampoco es descartable, incluso, la desaparición de Convergencia como partido, pero nadie duda de que los intereses que han venido pivotando en torno a esa formación política se van a reagrupar en otra.

El actual presidente Artur Mas, uno de los grandes damnificados por los últimos acontecimientos, al que le estalló el caso a menos de una semana de su cita con Rajoy, de cara a la galería trató de presentar la cuestión como un tema estrictamente privado, personal y familiar que nada tiene que ver con Convergencia.

Pero eso no se lo cree ni él, porque Pujol i Soley ha sido su fundador, su ideólogo y tiene datos y experiencia sobrada como para saber qué hay de fondo, ya que no en vano fue su consejero de Finanzas, su conseller en cap y su hereu político en el liderazgo de CDC, nombrado a dedo, en detrimento de Durán i Lleida.

Pero además, para intentar salvar los muebles, no tuvo ningún reparo en aceptar ?algunos hablan incluso de forzar? la renuncia de Pujol a todos sus honores y privilegios, incluido su salario vitalicio como expresidente de Cataluña y al título de molt honorable.

¿Qué deja de herencia el pujolismo en Cataluña? Según el relato que hace Gregorio Morán en su libro La decadencia de Cataluña contada por un charnego (2013): «Demoledora. Dio ?explica? unas dosis de autoestima a unos niveles elevadísimos. Los psicólogos dicen que la autoestima está bien, pero en grande acaba siendo peligrosa. Si somos los más listos, los más guapos, los más trabajadores, los más tal, ¿cómo es que nos va tan mal? Por eso hay que echarle la culpa a alguien».

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