El misil Pujol agrieta el sistema político

El artefacto causó consternación, decepción e indignación. Pero se espera que tenga repercusiones demoledoras en los próximos meses


Un misil inesperado, aun con carga explosiva incompleta, disparado por Jordi Pujol el día de Santiago, ha agrietado seriamente el sistema de poder en España. El artefacto causó primero consternación, después honda decepción y más tarde indignación. Pero como esos ingenios de efecto retardado, se espera que tenga repercusiones demoledoras en los próximos meses.

El asunto va a peor porque hay mucho más. Pujol en su comunicado habló de una supuesta herencia opaca de su padre, exclusiva para sus hijos y su esposa -«¿de qué herencia me estás hablando, Jordi?», le preguntó desolada su única hermana, María, cuando le informó de esa revelación oculta durante 34 años-. El importe de esa herencia seguro que es muy inferior a las cantidades que el hijo del ex muy Honorable ha movido por paraísos fiscales. Falta añadir lo principal: la fortuna obtenida en comisiones por negocios inherentes al ejercicio del poder. El dinero que el vástago primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, trasladaba a Andorra en bolsas en su coche -según declaración de su exnovia María Victoria Álvarez- se generaba en Cataluña. Lo denunció en el Parlament Pasqual Maragall -«el problema que usted tiene, señor Pujol, es el 3 %»- y todo el mundo miró para otro lado, o tildó al socialista poco menos que de loco.

El asunto irá a peor porque las inadmisibles prácticas de Pujol son las mismas que se pueden denunciar en bastantes comunidades españolas. No parece que existan contratos públicos sin mordida y el recaudador, en nombre del partido, se enriquece personalmente en todas partes. Luis Roldán hace veinte años en relación al PSOE, Jaume Matas en Baleares, Bárcenas al frente de la maquinaria extractora del Partido Popular, Jesús Gil y su corte en la Costa del Sol, Correa y otros delincuentes en la constelación de ayuntamientos y comunidades que eran en realidad pozos de dinero negro para políticos corruptos, y así sucesivamente. Todos no son iguales, cierto. Fraga, cuando cesó en la Xunta, tuvo que vivir en Santiago en un piso prestado, pero algunos de sus conselleiros mostraban signos de enriquecimiento acelerado. Unos de los políticos más investigados ha sido Manuel Chaves y no se le ha encontrado un euro de más, pero bajo su mandato se gestó el escándalo de los ERE en Andalucía que sirvió para financiar sindicatos y operaciones extrañas, además de enriquecer a unos cuantos.

El asunto será más grave aún porque falta mucho por saber y no solo en Cataluña. Bárcenas recaudaba para el PP y robaba para él, pero hay indicios de que, además, actuaba como testaferro de otros dirigentes. Según un importante constructor, que de todo esto aparenta saber mucho, muy amigo de la familia Pujol por cierto, está por salir aún el nombre de dos secretarios generales del PP que ampararon a Bárcenas en sus voraces operaciones y que pueden tener dinero en Suiza. Y está por conocer al completo la lista de grandes y medianas empresas, y de algún banco, que pagaban la fiesta.

El misil Pujol tiene los efectos devastadores que se conocen, más los que se temen en la deriva independentista catalana, donde hay quien sostiene, como Ómnium Cultural, que «son maniobras sucias de Madrid». Y ya veremos si no se quiebra Convergència Democrática, el partido que fundó Pujol. Quiebra a mayor gloria de Esquerra Republicana. Mal negocio. Con todo, hay una consecuencia peor: la denuncia explícita de que la corrupción está institucionalizada en lo público y en lo privado -con las excepciones que afortunadamente existen- y que exigen una refundación de la relación entre política y empresas. Eso agrieta el sistema político. «En el extranjero te preguntan más por la corrupción en España que por la deriva independentista catalana», ha declarado estos días Ángel Cano, número dos del BBVA. Cano propugna «tolerancia cero con la corrupción para regenerar el país». Hace falta un gran pacto, una gran iniciativa por la transparencia.

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