El cupo vasco, Cataluña y las balanzas fiscales

El sistema según el que las autonomías con más renta son las que más aportan y las de más bajos ingresos las que más reciben presenta algunas excepciones, como son los casos de País Vasco y, en el extremo opuesto, la Comunidad Valenciana


Sostiene el Ministerio de Hacienda en su informe sobre las balanzas fiscales que en el enfoque que se ha utilizado para estimar la diferencia entre los recursos públicos que aporta una región y el gasto público que reciben sus ciudadanos: «Como cabría esperar, el saldo fiscal tiende a empeorar según aumenta la renta per cápita, de forma que los territorios más ricos generalmente presentan déficits fiscales mientras que los de menor renta suelen disfrutar de superávits».

A la vista de los datos publicados, que se presentan en el recuadro, esta afirmación sin dejar de ser cierta, presenta importantes excepciones. Hemos ordenado las regiones españolas de mayor a menor nivel de riqueza por habitante según los datos oficiales del INE para el año 2011, para en otra columna anotar su saldo fiscal (negativo o positivo) ya en millones de euros.

Sin duda Madrid, Cataluña y Baleares cumplen con la norma: cuanto más ricos son los territorios sus saldos fiscales se hacen más negativos, tienen déficits fiscales crecientes. Pero ya en este bloque del recuadro aparece la primera anomalía. País Vasco y Navarra, Aragón y La Rioja no debieran tener en ningún caso saldos positivos, y sin embargo los tienen. Son territorios que no debían ser, dado su nivel de riqueza, perceptores netos de fondos públicos y sin embargo lo son. Esta es una primera asimetría que debiera corregirse.

Por poner un ejemplo singular pero muy relevante. Si el País Vasco ajustase su situación de saldos fiscales a su nivel de riqueza debiera aportar con la misma intensidad que Madrid, lo que implicaría que en vez de recibir 1.576 millones, tendría que aportar 5.752. O, al menos, tanto como Baleares, lo que supondría aportar 4.035 millones. Recursos que debieran beneficiar (como ya sucede con los de Madrid o Cataluña) a regiones que se sitúan por debajo de la riqueza media nacional.

Otra anomalía llamativa es que la Comunidad Valenciana tenga un saldo fiscal negativo (del -2,03 % del PIB) que no se corresponde en absoluto con su nivel de riqueza. Está en la situación inversa al País Vasco. Siendo mucho menos rica no recibe sino que aporta. Es obvio que por su nivel de riqueza debiera tener unos saldos fiscales de semejante intensidad a los de Galicia, Asturias o Castilla y León.

Estas serían las principales asimetrías a corregir a la vista de los datos. Quizás también la anómala y excesiva aportación positiva a Ceuta y Melilla (del 24,75 %) que sin duda obedece a los singulares costes de mantener la españolidad de dichos territorios. También subrayar que Castilla y León no debiera tener un mejor trato que Castilla-La Mancha, como de hecho está sucediendo. O que Canarias no tiene sentido que reciba recursos con doble intensidad que Andalucía.

Pero de lo que no cabe ninguna duda es de lo insólito de, a la vista de los datos, la consideración de agravio de Cataluña. Se mire como se mire su contribución al resto de territorios del Estado está en sintonía con la tendencia que marcan las regiones ricas (como Madrid y Baleares). Lo que sería inexplicable es que en vez de hacer converger al País Vasco con este modelo, se caminase en acercar a Cataluña hacia el sistema de cupo vasco. Con las consecuencias que, a la vista están, recoge el cuadro.

Una nota final sobre Galicia. Si en el 2011 recibimos unos saldos positivos, procedentes de las regiones y ciudadanos más ricos de España, de 3.200 millones para suplementar nuestros propios recursos y sostener así nuestros servicios e inversiones públicas, el lector debe saber bastante más de la mitad de esos millones lo fueron para cubrir el déficit del sistema público de pensiones en Galicia. Es lo que hay.

Albino Prada es profesor de Economía Aplicada.

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