Madrid / La Voz

«El PSOE no me debe nada, yo se lo debo todo al PSOE». Alfredo Pérez Rubalcaba nunca fue una persona excesivamente dada al sentimentalismo. Al menos en público. Pero ayer, en el que seguramente fuera uno de los discursos más difíciles de su vida, le pudo la emoción. Después de 40 años como afiliado al PSOE, el secretario general saliente no solo se despedía como líder de los socialistas, sino que abandonaba la política para retornar a la docencia en la universidad.

«Soy socialista y lo seré hasta el final de mis días», clamó al final de un discurso en el que, pese a la situación en la que deja el partido en términos de apoyo electoral, no hubo espacio para la autocrítica. Tampoco se la pedían los delegados, que se limitaron a aplaudirle largamente, reconociéndole así el haberse hecho cargo del PSOE en uno de los momentos más difíciles de su historia.

Durante su emotiva intervención, el secretario general saliente optó más bien por reivindicarse. Y así, en referencia a Cataluña, se atribuyó la propuesta de una España federal que siempre ha abanderado, asegurando que se trata de «la única vía posible para seguir conviviendo juntos». E hizo suyo también el paso adelante dado por el PSOE con la elección del secretario general mediante primarias y que, según aseguró, acabarán asumiendo todos los partidos.

«Honestidad y coherencia»

En su despedida, Rubalcaba hizo también una cerrada defensa de la política, sabedor de la creciente desafección ciudadana hacia los políticos, en especial hacia los que, como él, llevan prácticamente toda su vida en el oficio. Explicó que durante los últimos días ha pensado mucho «en las cosas que he hecho bien y las que he hecho mal». «En estas últimas pienso mucho más», precisó, porque la política «sigue siendo lo único que tienen muchos ciudadanos para sortear sus dificultades». Presumió también de su fama de hombre de Estado y aseguró haber servido a su partido, pero también a su país, con todas sus fuerzas. Y garantizó que, aunque abandona «la primera línea de la política», nunca abandonará su «compromiso político».

Pero Rubalcaba envió también algunos mensajes a su sucesor, Pedro Sánchez. Advirtió a la nueva dirección de que es necesario un cambio porque «sin cambiar el partido no despegamos». Pero añadió también que eso «no es suficiente» y que el nuevo líder debe seguir poniendo en práctica «las propuestas que los españoles nos piden». Invitó a mantener los principios del PSOE porque, aunque «los proyectos políticos se pueden adecuar» a las circunstancias, «los principios, no». Estos deben ser, a su juicio, los de «coherencia, trabajo, lealtad, honestidad y austeridad». Y advirtió al nuevo secretario general de que «olvidar uno solo de estos principios trae muy malas consecuencias», porque «los españoles no lo perdonarán». «Y hacen bien», añadió.

Rubalcaba consideró que los socialistas deben ser «honestos y austeros» y subordinar «el interés del partido al de todos los ciudadanos». «Somos la izquierda que quiere gobernar y no se conforma con protestar en la calle cuando gobierna la derecha», añadió, en referencia a la aparición de nuevas fuerzas de izquierda como Podemos.

«La quinta del buitre»

«Tienes mi apoyo total, incondicional. Ahora y siempre», le dijo a su sucesor, para borrar cualquier sombra de resquemor por la victoria del candidato que, aunque nunca lo ha dicho, no era su preferido en las primarias internas, en las que respaldaba la opción de Eduardo Madina, al que agradeció su participación en este proceso, al igual que a José Antonio Pérez Tapias.

Reconoció como sus maestros y padrinos en el partido a José María Maravall, Javier Solana, Felipe González, Joaquín Almunia y José Luis Rodríguez Zapatero, quienes, a su juicio, constituye «el dream team» de la política. «No, perdón, la quinta del buitre», corrigió dando fe de su pasión madridista. El plenario le despidió con una larga ovación, que dejó al veterano político socialista al borde del llanto..

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Rubalcaba se despide sin autocrítica y reivindica las primarias y el modelo federal