Una situación políticamente insostenible y económicamente delicada

La Voz

La posición de Josep Antoni Duran i Lleida en CiU lleva tiempo siendo insostenible. Solo la capacidad del socio de Artur Mas para retorcer el lenguaje y decir blanco en Madrid y negro en Cataluña ha permitido que llegara hasta el día de hoy, en vísperas de que se cumpla el plazo fijado para el órdago del referendo independentista, como el número dos de una federación que apuesta por la independencia mientras él se declara contrario a esa posibilidad. Con su renuncia a corresponsabilizarse de lo que puede acabar siendo un acto de desobediencia si la Generalitat insiste en convocar la consulta en contra de una posible sentencia contraria del Tribunal Constitucional, el Gobierno se queda sin un interlocutor privilegiado en Cataluña al que Mariano Rajoy viene mimando a pesar de sus sucesivos desplantes en el Congreso. Duran sigue, sin embargo, en manifiesta incoherencia como portavoz de CiU, aunque su capacidad de influencia sobre el Gobierno catalán queda reducida a la nada.

De modo que Rajoy pierde un punto de enganche en Cataluña, pero a largo plazo puede acabar ganándolo. Desde hace muchos años, existe en el PP el sueño de la ruptura de Unió con Convergència. Y el anhelo de integrar a la formación democratacristiana para formar un gran partido conservador en Cataluña con un discurso catalanista, pero sin cuestionar su españolidad, al estilo de lo que fue su pacto con UPN en Navarra, que permita por fin a los populares superar el carácter de fuerza marginal en esa comunidad. Difícilmente protagonizará ya ese paso Duran i Lleida, que podría presentarse a las próximas elecciones catalanas, por primera vez en su vida, como cabeza de lista de su propia formación. Pero todo indica que no solo CiU puede acabar rompiéndose, sino que la propia Unió acabará desgajada entre soberanistas y españolistas. Y estos últimos, en precaria situación económica, además, podrían ser el germen de ese proyecto.

Difícil situación de Unió

Porque, además de por su controvertida posición en el epicentro del nacionalismo catalán, la situación de Duran i Lleida lleva tiempo siendo insostenible por cuestiones que le atañen exclusivamente a él y a su partido y que condicionan muy negativamente su futuro. El veterano político es el líder de Unió Democràtica de Catalunya, un partido que ha sido condenado en firme por financiación ilegal. Y, a pesar de eso, Duran se niega a dimitir, en contra del compromiso que asumió en su día si eso ocurría. Su formación se encuentra, además, según acaba de constatar el Tribunal de Cuentas, en situación de quiebra técnica desde hace años. Y los cálculos más optimistas a día de hoy indican que mantiene una deuda de 16 millones de euros, a pesar de que la entidad bancaria Kutxabank le perdonó 9,6 millones de euros de la cantidad que adeudaba. Y, dado que son muchos los problemas económicos que afronta su partido, Duran se aparta al menos del puesto de secretario general de CiU y se libra así de las responsabilidades en una federación que arrastra igualmente una situación financiera desesperada.

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