El PP organiza la «Escuela de Verano Pablo Iglesias»

Desde las europeas, no hay día en que los populares aparten a Podemos de sus discursos

El PP contra Podemos Desde las elecciones europeas el Partido Popular ha convertido a la formación de Pablo Iglesias en objetivo de sus críticas más duras

Los resultados de las elecciones europeas han supuesto un verdadero terremoto político en España, pero sin duda, el centro del seísmo ha dejado severos efectos en los populares a los que la presencia de Pablo Iglesias parece importunarles más que algunos problemas del pueblo español. O al menos así lo han mostrado en el Curso de Verano que estos días celebra el partido en El Escorial, en el que los programas electorales han perdido algo de brillo en unos discursos en los que Podemos se ha convertido en un vocablo manido y repetido casi hasta provocar extenuación. Y de Bárcenas, mejor ni hablar.

Hasta el PSOE -eterno archienemigo del partido de Rajoy- ya poco protagonismo tiene en este culebrón. Ni las vecinas primarias de los socialistas han copado el lugar que tan a pulso se ha ganado Iglesias, quien parece haberse convertido en la mejor campaña del PP.

Cristóbal Montoro se ha decantado por eso de la «casta». Otra palabra manoseada y ajada con la que alguno habría sacado grandes rentas de habérsela apuntado como patente. Una idea no muy descabellada después de saber que un votante ha registrado la marca Podemos en la Oficina de Patentes y Marcas. El ministro de Hacienda se presentaba ante sus pupilos de la Escuela de Verano como «de la casta de la derecha», y añadía sentirse orgulloso de ser llamado casta si ello significa «servir a los intereses de España».

Esperanza Aguirre, verso suelto a su manera, puede presumir de ser la primera, la encargada de abrir la veda a este juego de acusaciones y dimes y diretes. «Podemos está con el chavismo, con el castrismo y con ETA», han sido las palabras que a la presidenta del PP de Madrid le han valido una cita en los juzgados.

Floriano, algo más comedido, se sumaba a esta acusación de Aguirre adornándola con palabras menos palmarias: «Una izquierda que se mueve entre el populismo bolivariano de un tele predicador que quiere subvertir nuestra democracia». Pura poesía.

Miguel Arias Cañete dejó atrás sus polémicos comentarios acerca de las carencias de Elena Valenciano para reconducir su camino contra un enemigo que parece ser algo más peligroso. «Lo más mediático, muchas veces es lo más marginal», aseguraba el europarlamentario -otrora ministro de Agricultura-, en un intento de ataque directo a la capacidad del líder de Podemos para copar minutos televisivos.

Fátima Báñez, haciendo gala de la cartera que ocupa, apuntaba a la acción del partido de Pablo Iglesias: «Ellos dicen Podemos y nosotros hacemos», mientras que la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, aludía más a los motivos alimenticios y, detallando algunos de sus hábitos austeros recordaba que mientras «algunos se dicen más ciudadanos porque comen menús de 6 euros», a los que comen «un sándwich en el despacho» les «sobran 3,5».

Sáenz de Santamaría tenía más que decir y aseguraba que «hay una diferencia muy importante entre conectar con la gente y decirle a la gente solo lo que quiere oír».

Pues eso, Pablo Iglesias, hasta en la sopa.

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