Cuatro horas para la historia en el primer día de reinado de Felipe VI

El rey se estrenó con una mañana intensa que culminó en el balcón del Palacio Real


Enviados especiales / Madrid

Felipe VI miraba el reloj cuando salía del Palacio de la Zarzuela. Le esperaba su primer día como rey de España y salía de su residencia oficial con el fajín de capitán general de los tres Ejércitos. Su padre, Juan Carlos I, acababa de imponerle el fajín de cinco entorchados, el que corresponde al monarca. Fue en un acto sencillo y breve, pero cargado de simbolismo, ya que era el primero del nuevo reinado. Se celebró a las 9.30 horas en la sala de audiencias y asistieron también la reina Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía, la reina Sofía, la infanta Elena y su hijo Felipe Juan Froilán. Juan Carlos I, emocionado, inclinaba su cabeza ante su hijo, con el que después se fundía en un abrazo. Fueron testigos el ministro de Defensa, Pedro Morenés; el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante Fernando García Sánchez; y los jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Jaime Domínguez; del Ejército del Aire, el general Javier García Arnaiz; y de la Armada, el almirante Jaime Muñoz Delgado; así como el director de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa.

A las diez de la mañana los reyes salieron de la Zarzuela rumbo al Congreso. Centenares de periodistas se apostaban ante la Puerta de los Leones. Entraban en directo televisiones alemanas, francesas, sudamericanas... «Nunca hemos chupado tanta cámara», comentaba un policía que formaba parte del dispositivo de seguridad. Los autobuses con representantes autonómicos dejaban a nuevos invitados. A las diez y media llegaban los reyes. Fueron recibidos con honores en la carrera de San Jerónimo por más de ochocientos militares y guardias civiles. Los reyes y sus hijas saludaron y posaron en la entrada del Congreso. Fueron recibidos en el exterior el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el presidente del Congreso, Jesús Posada, y el del Senado, Pío García Escudero. Arreciaron los selfies de bomberos, policías y periodistas.

Lo que sucedió en el interior ya es historia. Y la salida de los reyes del Congreso reservaba una de las sorpresas de la jornada. Mientras el Rolls-Royce bajaba escoltado por dos elegantes caballos blancos sonó con fuerza una exclamación unánime: «¡Coche descubierto!». Sí, era don Felipe quien saludaba, puesto en pie, a los súbditos que se hacinaban en las esquinas y coreaban con fuerza: «¡Viva España! ¡Viva el rey!». Mucha emoción y lágrimas en numerosos asistentes.

El vehículo giró en Neptuno y se reorientó en el paseo del Prado hacia Cibeles, y es difícil que en la curva no oyese don Felipe este grito: «Así me gusta, primero con los del Atleti y después con los del Madrid». La Gran Vía recibió el saludo del monarca engalanada de rojo y gualda. Los príncipes se dieron aquí un baño de masas, al ritmo del cántico «yo soy español, español, español». Un cartel aludía con cariño al relevo en el trono: «Don Juan Carlos, ahora puede volver a brillar».

El Rolls entró en la plaza de España y avanzó por Bailén hasta que varias salvas recibieron al vehículo junto al Palacio Real cuando pasaban veinte minutos del mediodía. Los más de dos mil invitados al besamanos protagonizaron su particular desfile mientras el público se afanaba en buscar famosos: «¡Los banqueros! ¡Mira! ¿Es Gasol?».

La esperada imagen del balcón

Pero los protagonistas ayer eran otros. Un clamor resonó en la plaza de Oriente cuando se intuyeron los primeros movimientos en el balcón del palacio. Primero apareció don Felipe, mano en alto. Tras él, la reina. «¡Vivan los reyes!». Los aplausos, atronadores, redoblaron con la salida de sus hijas, Leonor y Sofía. La foto de familia quedó enmarcada por el nuevo escudo, el de don Felipe, que en esta nueva era prescinde del yugo y las flechas.

Continuaban los vítores, pero faltaba otro golpe de efecto que levantó de nuevo fervorosos aplausos. Salían a saludar don Juan Carlos y doña Sofía. Como rige el nuevo protocolo, la princesa de Asturias, a la derecha de su padre; la reina, a la izquierda, con su otra hija. En un flanco, junto a la princesa Leonor, don Juan Carlos, y en el otro extremo, su esposa.

Gustaron las muestras de cariño entre todos ellos. «Mira que cariñosa es la reina [por doña Sofía], cómo besa a las niñas», incidió Gloria Conde, una madrileña que no quiso perderse «un momento histórico». El último beso lo reserva la reina saliente para su marido, y aquí sí que la plaza se viene abajo. «¡Toma eso. Mira si se quieren!», vociferó Gloria. Don Juan Carlos se dio la vuelta y le dijo a doña Sofía: «Nos vamos a ir ya», una frase que revelaron las cámaras de televisión y que quedará también para la historia. Felipe VI se queda solo. Se despidió con sentimiento, posando la mano sobre su corazón. La multitud puso las suyas en los labios y el monarca se llevó al interior del palacio una sonrisa y un buen ramillete de besos.

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