Los principales barones del PSOE maniobran para encauzar el relevo

«Andalucía, Madrid y Valencia iremos juntos a donde vayamos», dicen


Madrid / Colpisa

No es el congreso extraordinario del PSOE que se avecina lo que el grueso de los dirigentes del partido había imaginado. La decisión de romper con la tradición del voto delegado e improvisar una fórmula para que todos los militantes elijan de forma directa al futuro secretario general, como ocurrió en Galicia en el 2013, ha trastocado demasiados planes. Sin ese cambio las cosas serían ahora muy distintas. Y no necesariamente porque un proceso convencional, en el que la elección depende de solo mil personas que en su mayoría son cuadros del partido, habría llevado a la gran favorita de los barones, Susana Díaz, a aparcar sus reparos y dar el salto, algo que ya nunca podrá demostrarse, sino porque el cambio, objetivamente poco ortodoxo, tendrá consecuencias sobre los apoyos futuros a los dos principales candidatos en liza, Eduardo Madina y Pedro Sánchez.

Fue el diputado vizcaíno, número dos del grupo parlamentario en el Congreso, el que obligó con un órdago televisado a modificar las reglas del juego. Alfredo Pérez Rubalcaba recogió el guante. Fue una jugada ganadora porque públicamente ninguna federación podía atreverse a pronunciarse en contra. Y porque Madina apenas habría tenido opciones en un cónclave tradicional frente a Díaz. Pero ganar una batalla no es ganar la guerra.

«Edu enfadó a mucha gente y sea cierto o no, que en el fondo es lo de menos -dice un buen conocedor del partido-, se ha instalado la idea de que todo respondía a una operación de Alfredo para apartar a Susana y seguir controlando el partido. Eso le va a pasar factura». En contra de lo que un análisis ingenuo pueda señalar, el voto directo del militante introduce un factor de incertidumbre suficientemente alto como para que el congreso de candidato único que reclamaba Díaz no se produzca, pero eso no quiere decir que los aparatos del partido queden desarmados. Ni mucho menos. Sobre todo si deciden actuar de forma concertada.

«Andalucía, Madrid y Valencia iremos juntos a donde vayamos», advirtió ayer mismo un destacado dirigente territorial. Se trata de las tres federaciones con mayor número de militantes, sin contar al PSC, los segundos por afiliados. Y el voto es libre, sí, pero son muchos los militantes que miran hacia arriba en busca de una directriz. Un experto hombre de aparato se atreve incluso a hacer un pronóstico al respecto: «El 80 % va a mirar a su alcalde, a su secretario provincial o a su secretario regional y el 20 % irá por su cuenta».

El grueso de los barones, incluso algunos de los que no lo dijeron abiertamente -las únicas excepciones son el extremeño Guillermo Fernández Vara, el asturiano Javier Fernández y el ya fuera de juego catalán, Pere Navarro- trataron por todos los medios de allanar el camino a la presidenta andaluza, convencidos de que sólo ella tiene el perfil necesario para el momento: liderazgo fuerte, discurso reconocible en toda España, empatía, capacidad de cohesionar, incluso una trayectoria personal que hace las delicias de los socialistas. Ahora identifican a Madina con quien impidió lo que ellos creían lo mejor para el PSOE.

«Es un desastre, porque ahora iremos de nuevo a un congreso ?en contra de?, más que ?a favor de?...», apunta un dirigente territorial. «Si gana Madina, la inestabilidad está garantizada, porque irán a desgastarlo, y Pedro Sánchez corre el riesgo de aparecer como un líder tutelado», apunta. La cuestión es que uno y otro suscitan vértigo en un partido en el que se admite, sin ambages, un serio temor a acabar en manos de un «Zapatero bis».

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