Podemos beneficiarnos


El debate sobre el éxito electoral de Podemos ha derivado en un curioso ataque a varios canales privados por dar cobertura, y cancha, a Pablo Iglesias. Varios analistas culpan a Cuatro y a La Sexta de no tomar distancia o romper relaciones con el político emergente. Critican con vehemencia que le presten apoyo para difundir su mensaje, que faciliten platós para que la estrella catódica dé mítines. Durante la campaña también se puso en tela de juicio la supuesta contradicción que conlleva distribuir en antena el tiempo electoral reservado a cada partido en razón de su fuerza parlamentaria, mientras que en las tertulias los políticos, independientemente de su influencia, argumentan sin límite de tiempo. Unas presiones y desahogos baldíos.

Pablo Iglesias se ha convertido en un activo en alza, un maná mediático que sitúa la audiencia de ciertos programas en marcas históricas. No solo vende su discurso y su capacidad para desquiciar a los contertulios. También interesa el propio mensajero, el político del que se quiere tener una completa radiografía. Por ello las cadenas se lo rifan, ya sea para valorarlo, vapulearlo o imitarlo. Él logra a su vez un indiscutible rédito político. Lo sabe y no se concede errores. El fuego de esta relación simbiótica no se apagará mientras él no queme su imagen y su voz aún suene diferente.

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