El nuevo heredero de la Corona, ¿Felipe VI o Carlos Javier II?

Los carlistas reaparecen tras la abdicación del rey para reivindicarse como «solución» a «las Españas» de hoy


La Voz / Agencias

¿Podría peligrar el trono de Felipe VI? Una nueva amenaza se cierne sobre el heredero de la corona española. No son los ciudadanos que estos días han salido a la calle para demandar un referéndum que proclame una nueva República y tampoco es la crisis de descrédito a la que debe hacer frente la monarquía española.

Un nuevo peón ha surgido en el tablero en el que tendrá que jugar su partida más importante Felipe VI. Los carlistas. Ese movimiento tan añejo, vetusto y marginal ha vuelto a la actualidad para reivindicarse como «solución» a «las Españas» de hoy en día.

El carlismo, un movimiento político tradicionalista de carácter antiliberal y contrarrevolucionario, surgió en España en el siglo XIX para reclamar que una rama alternativa de la dinastía de los Borbones ocupara el trono español.

Y es que en sus polémicos orígenes, los carlistas pregonaban los beneficios que consigo traería una vuelta al Antiguo Régimen. La evolución también ha hecho mella en este movimiento y a día de hoy se encuentra dividido en dos ramas: uno que promueve el socialismo autogestionario y otro partidario del tradicionalismo.

Con un apoyo electoral bastante residual, los carlistas han sobrevivido al devenir de los tiempos y en este momento vuelven a la escena política -después de haber esperado pacientemente durante tantos años- para demandar lo que ellos consideran un derecho.

Así, el jefe de la Casa Borbón-Parma, Carlos Javier de Borbón Parma, ha dirigido un comunicado a todos los españoles en general y a «sus leales carlistas» en especial para mostrarles su voluntad de cumplir con los «deberes y obligaciones» que le «impone el ser hoy el abanderado dinástico del Carlismo».

Y es que el hijo del histórico líder del Partido Carlista, Carlos Hugo de Borbón-Parma, ha sabido asumir eso que dicen de que «la ocasión la pintan calva» y ha aprovechado la coyuntura para volver a demandar un lugar por el que su casta lleva luchando desde tiempo inmemorial. Un lugar que a pesar de todas las guerras y conflictos, nunca han conseguido ocupar.

Carlos Javier advierte de que los resultados de las últimas elecciones al Parlamento Europeo han demostrado la «voluntad de un cambio regenerativo que permita corregir los errores de la política general, la corrupción generalizada, el descrédito de la clase política y de las instituciones, por su falta de sinceridad». Añade la cabeza visible del movimiento carlista, quien de conseguir su espinoso y utópico cometido se proclamaría como rey Carlos Javier II, que «es imprescindible la transparencia de las instituciones y personas, que evite y desmonte las prácticas corruptas». «Se debe sustituir y eliminar la economía especulativa a favor de la productiva. Se ha de generalizar la práctica de una política de cercanía al ciudadano inexistente hoy», ilustra.

Bajo su punto de vista, el «déficit de cultura democrática y crisis moral son causa y origen de muchos de los problemas» que tienen hoy en día los españoles, a quienes anima a poner todo su «interés, creatividad y afán en conseguir que esta regeneración ofrezca la mejor respuesta a la voluntad de los españoles».

La conclusión del comunicado, que elude al rancio abolengo del movimiento, sentencia que, su «concepto carlista, partiendo de más de 180 años de historia», debe ser considerado como un movimiento europeísta, federal en el sentido más amplio, democrático, de libertades y social, «que considero puede ser, una solución para todos y cada una de las personas y pueblos que conformamos las Españas».

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