madrid / colpisa

El 7 de junio, al final, fue una gran protesta antimonárquica en toda España, pero, ni mucho menos, fue la mayor movilización prorrepublicana desde la restauración de la Corona en 1975, tal y como pretendían sus promotores, que ni siquiera pudieron conseguir la icónica imagen de una Puerta del Sol de Madrid a rebosar.

Cinco días después del anuncio de abdicación de don Juan Carlos, miles de personas, probablemente decenas de miles, salieron a las calles de, al menos, 55 ciudades y pueblos de casi toda España (solo en Canarias y en las dos ciudades autónomas no hubo convocatorias). Todos con el mismo objetivo: reclamar un referendo en el que la ciudadanía decida sobre la forma política del Estado y en contra de la coronación de Felipe VI el día 19.

Al grito de «España, mañana, será republicana», «no hay dos sin tres, república otra vez», «los borbones a las elecciones» o «Felipe, acelera, que viene la tercera», los congregados tiñeron las plazas de rojo, amarillo y violeta. Hubo banderas comunistas e infinidad de enseñas autonómicas en muchas de las principales vías y arterias de todo el país. Y, sin embargo, fueron unas movilizaciones que no llegaron a tener la envergadura que alcanzaron los llamamientos a salir a la calle de los colectivos de indignados y del 15M de los tres últimos años. Eso sí, la inmensa mayoría de los actos tuvieron un carácter pacífico y festivo.

Expectativas

Las concentraciones y manifestaciones de la tarde-noche no llegaron a cumplir todas las expectativas de la Junta Estatal Republicana (JER), la coordinadora nacida hace dos años en la que se agrupan medio centenar de colectivos antimonárquicos, y que era la convocante de estas movilizaciones, con el sustento de Izquierda Unida y los otros siete partidos firmantes del llamado manifiesto del Ateneo, que exige una consulta popular entre monarquía y república.

Una vez más, el mayor llamamiento para las protestas en contra de la Corona se hizo a través de las redes sociales. La que estaba llamada a ser la gran manifestación «estatal», la de Madrid, fue la primera anunciada y una de las pocas que sí fue comunicada a la delegación del Gobierno.

Bajo el lema «Referendo, ¡Ya! ¡Qué el pueblo decida!», efectivamente la de Madrid fue la mayor manifestación, con algo más de 5.000 asistentes, pero muy por debajo de la marcha republicana del 14 de abril del 2013, hasta hoy la más importante protesta contra la Corona de los últimos años con al menos 20.000 personas. La Puerta del Sol, el epicentro de las protestas antimonárquicas y fiel termómetro del tamaño de esos actos, no llegó a rebosar como el pasado lunes cuando, horas después del anuncio de la abdicación de don Juan Carlos y, de manera casi espontánea, más de 7.000 personas la llenaron.

Izquierda Unida mandó a su plana mayor, con Cayo Lara a la cabeza. «El derecho de sangre no puede estar por encima del derecho democrático de los ciudadanos a participar en un referendo», apuntó el líder.

Además de Madrid, bastante concurridas, y también sin incidentes reseñables, fueron las protestas de Pamplona (unos 4.000, según la Policía Municipal, y 15.000 según los organizadores), Bilbao (2.500), Oviedo (2.500), Barcelona (un millar) y Santander (un millar). Las convocatorias de Logroño y Murcia solo reunieron a centenares y decenas, respectivamente.

Las movilizaciones de ayer tendrán continuación en los próximos días. La JER pretende mantener la tensión en la calle hasta la proclamación del nuevo rey. E Izquierda Unida pedirá en el Congreso que en tres meses se convoque una consulta sobre la monarquía, según adelantó ayer Cayo Lara.

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Miles de manifestantes reclaman la república en decenas de ciudades