Roberto L. Blanco Valdés: «En Cataluña hay un solo tren que circula a toda velocidad contra la Constitución»

Analiza en su nuevo ensayo las tres experiencias descentralizadoras en España


madrid / la voz

Roberto L. Blanco Valdés acaba de publicar El laberinto territorial español (Alianza), un ensayo en el que analiza tres momentos históricos en los que se intentó descentralizar España: las repúblicas de 1873 y 1931 y lo que llama «la república coronada» de 1978. Los dos primeros funcionan como antecedentes, porque la obra se centra en la situación actual, con la radicalización de los nacionalistas que ha llevado al país a un complejo laberinto.

-¿Qué lección se puede sacar de esas experiencias?

-En la I República, el experimento fracasa en gran medida por la revolución cantonal; en la II República, por la sublevación del nacionalismo catalán y la proclamación del Estado catalán en 1934. En la actualidad, los nacionalistas, primero en el País Vasco y luego en Cataluña, han intentado romper el marco constitucional. La conclusión del libro es que los nacionalismos no se contentan con la mera descentralización.

-Recoge las posiciones de Ortega y Azaña en el debate de totalidad del estatuto catalán en 1932.

-Ortega mantiene que el problema no tiene solución porque los nacionalistas no quieren la descentralización, sino separarse. Azaña dice que sí se puede resolver. Yo traigo ese debate al presente y digo que Ortega tenía razón, porque en España ha habido una descentralización inmensa, es un Estado federal, y los nacionalistas no se dan por satisfechos. Su descontento no proviene de las insuficiencias de la descentralización, de que haya un nacionalismo español agresivo o de que no se reconozca la pluralidad. Es porque aspiran a tener un Estado, a romper las reglas de juego, el marco constitucional, el acuerdo de todos. Frente a eso no queda más que la conllevancia, como decía Ortega, tener paciencia y ver los problemas con perspectiva histórica. Hoy el nacionalismo en Cataluña, tras un proceso inmenso de manipulación social, tiene una amplia mayoría, pero no hay que pensar que va a ser así siempre. Sería una mala opción creer que la única solución es la autodeterminación.

-Se muestra en contra de la contraposición entre separatistas y separadores y de la metáfora del choque de trenes.

-El PSOE lo ha utilizado mucho, en especial el PSC. Pero aquí no hay separadores sino separatistas, la derecha que gobierna está a favor del Estado autonómico. Por tanto, no hay choque de trenes, hay un solo tren que circula a toda velocidad contra la Constitución y la convivencia. Si Cataluña se separa de España una parte inmensa de la sociedad catalana se quedaría fuera de juego.

-¿Cuál sería la solución para desbloquear la situación?

-Para comenzar a resolver el problema es necesario que se acepten las reglas de juego. Después se puede hablar de financiación o de competencias. No hay forma de resolverlo si los nacionalistas se empeñan en que la única solución es que se acepten sus posiciones en su totalidad. Cuando se estaba discutiendo el plan Ibarretxe daba la sensación de que no había más solución que darles la razón. Ibarretxe ha desaparecido del mapa y la situación en el País Vasco es totalmente distinta. Hoy también podría parecer que la única solución es celebrar un referendo de autodeterminación, que sería un muy mal precedente. Para que el problema empiece a resolverse es indispensable que CiU debata si tiene que seguir comandada por un individuo como Artur Mas, que está cogido por el cuello por ERC.

-¿Cómo valora el éxito de ERC en las elecciones europeas?

-Si ERC se convierte en la fuerza hegemónica nos plantearía un problema a todos, pero muy serio a CiU, que tiene que decidir si quiere ser gregaria de ERC o recuperar la centralidad. Y esto solo lo puede hacer volviendo a las posiciones autonomistas. Si no, está condenada a perder con ERC. Esto no se soluciona si CiU no recupera el sentido común.

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