Un terremoto que lleva a menos Europa


Terremoto era ayer la palabra más repetida para describir la irrupción de los antieuropeos en Bruselas. Los euroescépticos, tanto de ultraderecha como de la izquierda radical, condicionaran irremediablemente la política de la UE de los próximos cinco años. Y, por lo que han anticipado en días previos desde Nicolás Sarkozy a Angela Merkel, el resultado será menos Europa y más soberanía de los Estados. Es decir la devolución de las competencias que los países han dado a la Comisión Europea, y el adiós a lo que se vendió como el gran paso hacia una comunidad unida y sin fronteras para sus ciudadanos. La canciller alemana hilvana ya cómo poner freno a los europeos que acudan a Alemania sin trabajo y con la intención de beneficiarse de las ayudas sociales. David Cameron está obligado a presentar a los suyos una profunda reforma del papel del Reino Unido en la UE. Los acólitos de Farage y Le Pen han triunfado antes de pisar ni tan siquiera el hemiciclo de Estrasburgo. Al bipartidismo en caída libre no le queda más remedio que unir fuerzas. Conservadores y socialdemócratas tendrán que hilvanar una gran coalición para afrontar el voto de castigo contra la austeridad que le envían los extremos. El boceto de lo que será la UE comenzará a escribirse mañana en la cena de los líderes de los Veintiocho.

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