león / e. especial

Dos obispos, el de León y Astorga; un prelado auxiliar, el de Santiago de Compostela; treinta curas; decenas de autoridades entre las que estaban el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el expresidente socialista, José Luis Rodríguez Zapatero; más de 5.000 personas congregadas dentro y fuera del templo y desfilando por la capilla ardiente... La catedral de León acogió ayer por la tarde lo que parecía un funeral de Estado para despedir a la presidenta de la Diputación leonesa y del PP provincial, Isabel Carrasco, asesinada el lunes a tiros en la pasarela que cruza el río Bernesga cuando iba desde su casa hasta la sede del partido. Ese trágico final en la trayectoria de una de las baronesas del PP de Castilla y León fue el que unió ayer en la plaza de la Regla a los que la admiraban e incluso a los que criticaban su forma de actuar en el ruedo político. No faltaron tampoco los que acudieron para ver el desfile de autoridades que se concentraron ayer en León con motivo del entierro.

Todos se acercaron hasta allí para desearle un eterno «descanse en paz». Tras alabar el carácter «de una mujer fuerte y voluntariosa, muy entregada a su carrera política», ese sentir lo recogió el obispo de León, Julián López, en su homilía: «El rechazo unánime que la sociedad ha mostrado contra este crimen debe reconfortar porque es censurado por las instituciones públicas y sociales, además de por los leoneses». Ese rechazo fue interpretado por el religioso como «una muestra más de la madurez del pueblo que reconoce el valor de la vida humana y la importancia de la función pública en el desarrollo de una sociedad democrática».

Gran consternación

Ese fue el discurso lanzado durante una ceremonia breve y llena de pesar oficiada ante un público totalmente consternado que quería dar el último adiós a la presidenta. Y en los primeros bancos, a la izquierda, estaba la familia. Jesús, su compañero; su hija Loreto, destrozada, que incluso fue consolada con un beso en la mejilla por uno de los obispos que concelebraron la ceremonia; sus tres hermanas...

A la derecha, Mariano Rajoy; el presidente de la Comunidad de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y José Luis Rodríguez Zapatero. Más al fondo podían verse otros rostros como el del alcalde de León, Emilio Gutiérrez; el delegado del Gobierno de Castilla y León, Ramiro Ruiz Medrano, la titular de las Cortes, Josefa García Cirac; el candidato popular a las elecciones europeas, Miguel Arias Cañete; el número dos en la lista, Esteban González Pons; la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal; diputados provinciales y concejales del Ayuntamiento de León, rostros de cargos socialistas... Todos participaron de una consternación callada que únicamente se rompía con los sollozos de familiares y amigos cercanos.

El féretro, colocado ante el altar y cubierto con una bandera de España y un ramo de calas blancas, había llegado al templo gótico en torno a las cinco y media de la tarde. Justo una media hora antes de que comenzara el funeral. Arropadas por una temperatura primaveral, centenares de personas aguardaban su llegada tras la valla que separaba el centro de la plaza de la Regla y la verja que rodea el templo. El féretro fue conducido desde el palacio de los Guzmanes, sede de la diputación provincial, hasta la catedral en un coche adornado con una corona con flores blancas con una banda que ponía «Te quiero mucho mamá».

Un minuto que fueron diez

La capilla ardiente había sido instalada en torno a las once y media de la mañana en la que fue su casa, la diputación, durante años. Antes de ser abierta a toda la ciudadanía, en torno a las 13.20, allí estuvieron dando el pésame a la familia, entre otros, el titular del Gobierno central, Mariano Rajoy, quien calificó los hechos como «un acto cruel, inútil y absurdo»; el secretario de organización del PSOE, Óscar López; y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo. Este último llegó a las doce menos cinco y estuvo en los que se acabaron convirtiendo en diez minutos de silencio en rechazo al suceso.

Tras su pésame llegó el de los 5.000 leoneses que, según los datos que manejaba la institución provincial, se acercaron para despedir a Carrasco. Y seis horas después de ser instalada la capilla ardiente, la comitiva con sus restos mortales partió hacia la catedral. El féretro fue despedido con aplausos nada más cruzar el umbral. Empleados de la diputación lo fueron acompañando por las calles de León hasta llegar al templo. Allí fue recibido por el obispo de León, Julián López, y por su homólogo de Astorga, Camilo Lorenzo. En ese momento no se movió una hoja en la plaza. Y los obispos fueron acompañando el cuerpo en silencio hasta el interior. La consternación cortaba el aire. No hacían falta palabras.

Loreto González: «¡Ay mamá, mamá!»

A Loreto González, de 36 años, el lunes por la tarde le arrebataron a su madre mientras ella trabajaba como veterinaria en Madrid. Ayer, veinticuatro horas después de que cuatro balas acabaran con la vida de Isabel Carrasco, su hija no lo podía acabar de creer. El dolor la consumía. Su llanto y sus sollozos eran uno de los pocos sonidos que rompían la quietud de la catedral leonesa durante el que parecía un funeral de Estado. «¡Ay mamá, mamá!», no dejó de repetir ante el ataúd de su madre. El féretro estaba cubierto con una bandera de España, el bastón de mando que tantos años blandió al frente del organismo provincial y un ramo de calas blancas. Tras el funeral, los restos mortales fueron llevados hasta el cementerio de Puente Castro para ser incinerados en la intimidad.

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León dice adiós a Carrasco en un acto con aires de funeral de Estado