Naufragios: ¿Casualidad o sintomatología?

Mientras algunos técnicos sostienen que tres naufragios en 39 días son solo por azar, otros expertos dicen que sí hay relación directa


Redacción / La Voz

Expertos en prevención de riesgos laborales y en seguridad marítima no se ponen de acuerdo a la hora de determinar si los tres naufragios que ha habido en menos de 40 días son fruto de la casualidad más azarosa o son la sintomatología de un mal que ahora se está haciendo latente.

Quienes defienden que no hay que buscar «tres pés ao gato», como Diego Castro, del Instituto Instituto Galego de Seguridade e Saúde Laboral (Issga), subrayan que no hay un patrón común entre los tres accidentes más allá de que ocurrieron no en época de temporales sino con el mar en calma. No tiene nada que ver la tipología de uno, otro y el tercero, y por eso sostienen que es la simple coincidencia temporal, esto es, la mera casualidad, la que hace que esos 18 muertos juntos parezcan «algo raro».

Eso sí, de lo que no hay duda es de que las cifras de siniestralidad mortal se van a resentir en este ejercicio después de un sexenio en el que los incidentes graves han ido reduciéndose paulatinamente.

Diego Castro, del equipo de prevención de riesgos del Issga, señala que, en general, entre la flota de altura, gran altura y litoral, se cumplen las normas de seguridad, tienen medios de protección para todos los tripulantes y las revisiones realizadas. Ahora bien, en el caso de dos de los buques siniestrados, el Santa Ana y el Mar Nosso, se trataba de embarcaciones portuguesas, que no son objeto de inspección por el servicio de prevención autonómico y, por tanto, no sometidas a la legislación española en materia de prevención de riesgos. Pero hay quien no da tanto protagonismo a la casualidad como a la causalidad. Los defensores de que tres naufragios en 39 días es síntoma de un problema se remiten a la oleada de siniestros que hace casi un decenio sobresaltó al mundo marítimo, un rosario que empezó en junio del 2004 con el naufragio del O Bahía, siguió con el del Enrique El Morico, el hundimiento del Nuevo Pilín y llegó a febrero del 2005 con el O Casina.

Todas esas cuentas que al principio parecían versos sueltos revelaron que había un problema de fondo: que se dejaban de lado las cuestiones de estabilidad. Y eso permitió actuar en ese sentido: aumentando las inspecciones, por un lado, y sensibilizando a las tripulaciones de la importancia de tener en cuenta la estabilidad a la hora de operar el barco, por otro.

El factor humano

Esta vez, aunque los accidentes hayan sido diferentes -uno por embarrancamiento, otro por abordaje y otro por pérdida de estabilidad-, lo cierto es que «sí hay un vínculo común» entre todos ellos: el factor humano; esto es, «la gestión que se hace del propio barco», señala un experto en seguridad marítima que prefiere no ser citado. El técnico, especializado en investigación de accidentes marítimos, defiende que «la Administración se ha fijado demasiado en el hierro y ha desatendido el factor humano», ese que está detrás del 80 % de los accidentes. Así, el especialista critica que en las escuelas de náutica se siga enseñando a navegar guiándose por los astros, cuando ya no es necesario por toda la tecnología que existe y, sin embargo, no se hayan incorporado aún nociones para gestionar la estabilidad del barco. Quizá sea cuestión de revisar los planes de estudio o indagar en si el problema está en cómo se hacen las guardias, qué atención se le presta al puente...

También parece exagerado el tiempo que se demora la investigación del naufragio y frente al año largo que está tardando la comisión, «cien días deberían ser suficientes».

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