Si Cataluña se marcha, el País Vasco irá detrás

Pere Navarro se ve como el puente entre Cataluña y España.
Pere Navarro se ve como el puente entre Cataluña y España.

Que el tiempo no lo cura todo lo sabe cualquiera, con algunas excepciones. Desgraciadamente, Mariano Rajoy está entre ellas. El sainete catalán, que amenaza con convertirse en tragicomedia, está peor que hace dos años y como dice el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, cuando le preguntamos, «hay avances con los que nos hubiéramos conformado hace un año y ahora parecen insuficientes». ¿Algo ha mejorado? Se diría que hay mas independentistas que antes. Existe la percepción de que la consulta de noviembre no es legalmente posible y, sobre todo, la fractura interna que ya vive Cataluña camino de la gran fractura Cataluña-España, ha posicionado, no sin dolor, a algunas fuerzas. Por ejemplo, Unió Democràtica con relación a Convergència: Duran ya ha advertido de que si se produce una declaración unilateral de independencia a lo Kosovo por el Parlamento catalán, con Unió Democrática que no se cuente. O, por ejemplo, el PSC de Pere Navarro, que tiene desgarros internos, pero que se ha convertido, en sus propias palabras, en «el último puente entre Cataluña y España». Entiéndase bien. Gentes a ambas orillas hay muchas, al parecer un poco más en el lado de la independencia. Pero tendiendo puentes está solo, dice, el PSC, algo que, por cierto, reconocen destacados representantes del empresariado catalán, entre ellos, Josep Lluis Bonet, presidente de Freixenet y de la Fira. No son los únicos: Duran trata de tender puentes en sus conversaciones con el Gobierno, aunque con poco éxito por el momento. E incluso, discretamente, algunos dirigentes de Convergència, convencidos de que Mas está enquistado en su papel de actor político de tragedia griega sin que nadie lo mueva. Uno de estos personajes llega a pronosticar: «Si se declara la independencia unilateral de Cataluña, al día siguiente nacerá con fuerza el partido de la reunificación». Puede ser, pero mejor para todos que no llegue ese día.

Lo importante es tener claras tres cosas: la primera es que los que tienden puentes son desgraciadamente minoría; la segunda es que por ambas partes beligerantes no se descarta el choque de trenes; y la tercera es que si Cataluña sale de España detrás irá inmediatamente el País Vasco, actualmente expectante, observando como los catalanes se van alejando. Sobre la primera, la nómina es escueta: Rubalcaba, con su propuesta cada vez más interesante de España federal que aceptan los socialistas catalanes de Pere Navarro; Duran Lleida, damnificado de los excesos de ambas partes en Madrid y en Barcelona; algún dirigente de Convergencia que se ha movido intensamente en Madrid en los últimos meses y que se configura en silencio como representante de la Convergència que, siendo nacionalista, no quiere romper con España porque entiende que es mal negocio para todos y, desde luego, una multitud de anónimos que de buena fe favorecen encuentros de diálogo.

En el choque de trenes se vive alocadamente en los dos bandos: los asesores de Mas acaban de recomendarle públicamente, para que la confusión interesada no decaiga, que «Europa no puede dejar fuera a Cataluña», por más que Bruselas insista en que salir de España equivale a salir de Europa. Y, correspondiéndoles en Madrid, representantes del poder económico y parlamentario que se jactan de no arrugarse. La semana pasada, un financiero amigo salió estremecido de una reunión porque allí estaba, entre otros, un destacado diputado del área económica del PP coreando que si «tiene que haber choque de trenes, pues que lo haya», y ofreciendo como solución temeraria la suspensión de la autonomía catalana, lo que es posible jurídicamente, y el nombramiento de un general de la Guardia Civil como delegado del Gobierno. Esa peligrosa corriente de pensamiento, existe y se exhibe en círculos privados. La tercera cuestión significa que hay que hacer mejor los números. ¿Podría vivir España sin Cataluña y Cataluña sin España? Sin duda mal, muy mal, una y otra. ¿Y podría vivir España sin Cataluña y sin el País Vasco? Difícilmente sucederá lo primero sin lo segundo. Y eso generará un movimiento secesionista en Italia y Francia que ya se ve venir. También por esa razón Roma y París, y no solo Madrid, vetarían la entrada de Cataluña en Europa. A tener presente.

Crónica política

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