Cañete, el ministro de los yogures caducados y las duchas frías

El futuro candidato del PP a las europeas ha levantado numerosas ampollas estos últimos años a causa de sus controvertidas declaraciones


Miguel Arias Cañete, candidato popular a las europeas, es el mejor ejemplo de que «por la boca muere el pez». Sus declaraciones con cierto tono machista, sus desacertados comentarios sobre la inmigración y sus polémicas formas de ahorro han marcado la trayectoria del ministro de Agricultura que durante su primer mandato recorrió España entera comiendo chuletones para mitigar el temor a las vacas locas.

Este madrileño acaudalado y amante de los coches, parece tener la fórmula secreta para aquellos españoles que en estos tiempos turbulentos pasan ciertas dificultades: «En España se vive mejor con menos dinero», afirmaba.

El que pasará a la historia como el ministro de los yogures caducados, iniciaba su camino de frases célebres asegurando que «se peleaba con sus hijos» porque abría su nevera y se comía «un yogur con una fecha de cinco días más tarde y nunca me ha sentado mal». Lo de los yogures para Cañete era cuestión de su «cultura africana». «He visto lo que se come por ahí», remataba.

Estas declaraciones fueron su mejor campaña, porque solo dos meses más tarde, anunciaba una medida revolucionaria para el sector de la alimentación: los yogures ya no caducaban, a partir de ese momento pasaban a tener fecha de consumo preferente.

Pero este no es el único secreto del ahorro que Miguel Arias Cañete se guardaba. Otro de sus peculiares consejos a título personal fue el de ducharse con agua fría. «Se ahorra mucho agua si no se deja correr hasta que está caliente».

Su recomendación no llegó a cuajar ni tan siquiera en la comisaria europea de Acción por el Clima, Connie Hedegaard, que después de escuchar las palabras del futuro candidato a las europeas, aseguró no estar «dispuesta a renunciar a sus duchas de agua caliente».

Y si lo de recomendar y promover no funciona, a Cañete siempre le quedará lo de «aprobar por cojones». En el año 2000 al ministro de Agricultura una cámara le cazó en un renuncio mientras sin pelos en la lengua aseguraba a un grupo de agricultores murcianos que el Plan Hidrológico Nacional se aprobaría «por cojones» y que su tramitación parlamentaria sería un mero «paseo militar», gracias a la mayoría del PP en el Congreso. Lo cierto es que eso del regadío es algo que a Cañete le preocupa de una manera especial; y para entenderlo no hay más que escuchar sus palabras: «El regadío hay que utilizarlo como a las mujeres, con mucho cuidado, que le pueden perder a uno».

En el 2008, cuando era secretario de Economía y Empleo, Cañete consiguió enfadar a todo un colectivo: al de los camareros. «Ya no hay camareros como los de antes. Aquellos camareros maravillosos que teníamos, que le pedíamos un cortado, un nosequé, mi tostada con crema, la mía con manteca colorada, cerdo, y a mí una de boquerones en vinagre y venían y te lo traían rápidamente y con una enorme eficacia».

Pero esta no fue la perla que más ampollas levantó ese año del hasta ahora ministro de Agricultura. Mientras defendía el contrato de integración que Rajoy planteó para obligar a las personas inmigrantes a aprender castellano y las costumbres de España, Cañete decidió culpar a los inmigrantes de «colapsar las urgencias».

«Tenemos unas tensiones en el sistema de sanidad de las comunidades autónomas espectaculares, con las urgencias colapsadas, porque los inmigrantes han descubierto la grandeza del sistema nacional de salud. Claro, alguien que para hacerse una mamografía en Ecuador tiene que pagar el salario de nueve meses, llega aquí, a urgencias, y se la hacen en un cuarto de hora».

Pero si algo caracteriza a Cañete son sus explicaciones de pata negra, que dejan patidifusos hasta a sus propios compañeros de partido. El pasado enero, el Gobierno daba luz verde al decreto que fija la norma de calidad para la carne, el jamón, la paleta y la caña de lomo ibéricos. Durante la rueda de prensa, Soraya Sáenz de Santamaría dejaba a un lado su actividad como ministra para transformarse en una perfecta azafata (eso sí, con alguna que otra expresión de estupefacción) al servicio de Arias Cañete, quien con todo lujo de detalles procedió a explicar de una forma muy ilustrativa las novedades en esta materia.

Después de pelearse con yogures, jamones y duchas, a Cañete puede que Europa le parezca «coser y cantar».

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