«Un ejemplo a seguir por los políticos»

Los ciudadanos destacan la honradez de Suárez, además de su gran labor en la transición

Miles de personas hicieron varios kilómetros de cola para rendir su último homenaje a Adolfo Suárez, cuyo féretro fue expuesto en el Congreso.
Miles de personas hicieron varios kilómetros de cola para rendir su último homenaje a Adolfo Suárez, cuyo féretro fue expuesto en el Congreso.

madrid / la voz

«He venido a rendir homenaje al mejor presidente de la democracia española», asegura María Galán, una administrativa de 45 años que acude a despedir a Adolfo Suárez acompañada de su hija Alba, de 14. Son dos de los miles de personas que tuvieron que esperar durante más de tres horas en pie, soportando estoicamente el viento, el frío y la lluvia que cayó de forma discontinua en Madrid, para decir su último adiós al primer presidente de la democracia.

La cola en la que los ciudadanos aguardaron para entrar en la capilla ardiente instalada en el interior del Congreso superó los dos kilómetros.

Claveles para Suárez

Era impresionante ver la riada de personas, en su mayoría mayores de 55 años, que vivieron la transición y saben lo que costó alcanzar y mantener la democracia, junto con hombres y mujeres más jóvenes e incluso familias con sus hijos, a los que querían enseñar quién fue el expresidente del Gobierno. Algunos compraron claveles en los pequeños tenderetes que se colocaron cerca de la fila, a un euro cada uno, para dejarlos luego en la capilla ardiente.

«No sé mucho de Suárez, pero por lo que he leído levantó una democracia después de pasar por una larga dictadura», afirma Manuel Álvarez, de 37 años, que forma en la cola, en la que ya lleva casi tres horas, junto a su madre y hermana, que tiene a su hija en brazos. «Por lo menos no robaba como los de ahora y dimitió para tratar de evitar el golpe de Estado», añade. Por encima de todas sus cualidades, destaca su «honradez».

Félix García, de 90 años perfectamente llevados, sí conoce la figura del político de Cebreros. A pesar de su avanzada edad, no ha dudado en tomarse la molestia de despedirlo, desafiando las inclemencias del tiempo. «Por Suárez, lo que haga falta», explica este hombre que trabajó como relaciones públicas de Iberia. «Lo apreciaba muchísimo porque era un español de tomo y lomo, como quedan pocos», explica. Solo lo votó en una ocasión, ya que «siempre voto al que creo que lo va a hacer mejor». Destaca «su grandeza de espíritu, su buen hacer y su responsabilidad». Eso sí, como repiten otros de los que permanecen en la cola cuando comienza a llover, «no hay comparación con los políticos actuales, existe mucha distancia».

Amable, atractivo y cercano

Como uno más, Severo Moto, líder opositor de Guinea Ecuatorial, considera «obligada» su presencia en la capilla ardiente. «Era un gran amigo de Guinea, intentó de alguna manera crear un clima para el proceso de transición, que fracasó por culpa del dictador, pero el pueblo guineano le está profundamente agradecido y lo quiere mucho», afirma. Resalta su «generosidad, se entregó de lleno a la política desde la dimensión del servicio, sin esperar nada a cambio, y culminó el proceso de transición de la dictadura a la democracia».

Moto trató personalmente a Suárez. «Era amable, muy atractivo, muy cercano». Señala que «pertenecía al mundo del centroderecha, que tendría que recoger muchísimo de lo que fue y de lo que hizo».

«Considero que ha sido un gran político, un ejemplo a seguir para los que tenemos actualmente», dice Montserrat Cardo, de 44 años, que acompaña a su madre, de 82, una fan fiel a Suárez, al que votó en su día. «Era una persona que se dedicaba al pueblo y a cuidar de la gente, no como los políticos actuales», añade.

Mari Carmen Iglesias, natural de Santiago y residente en Madrid, de 56 años, comenta que Suárez «sabía dialogar y me gustaba como persona». Pronostica que «será muy difícil que venga otro igual, y que no robe, tendría que entrar gente nueva, pero con lo que hay de uno y otro lado lo veo mal».

María Galán también destaca que «no fue nada corrupto, hizo política sin llevarse un duro». Recuerda el valor que demostró en el mismo Congreso donde se le homenajea el 23 de febrero de 1981, cuando se quedó sentado en su escaño ante los disparos de Tejero y los guardias civiles. «Pasamos mucho miedo», recuerda. Su hija Alba dice que va a la capilla ardiente a acompañar a su madre y «a ver y enterarme un poco, porque no sé mucho de Suárez». Pero, según le ha dicho esta, «no hay comparación con los políticos de ahora».

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