El presidente catalán aplica una hoja ruta que acabará en elecciones

Quiere escenificar el desencuentro con Rajoy, al que cuestiona como demócrata


Madrid / La Voz

Una vez que ha pactado con ERC la doble pregunta y la fecha de la consulta de autodeterminación de forma unilateral, Artur Mas ha pasado a la segunda fase de su hoja de ruta pactada con Oriol Junqueras. Consciente de que no se va a celebrar en ningún caso, como le ha dejado claro Mariano Rajoy, ahora le toca repetir una y otra vez que está dispuesto a negociar hasta el final para lograr que se haga de forma acordada. Lo que sabe que es imposible. Incluso está abierto a cambiar la pregunta -que según reveló el lunes escribió él solo- si el Gobierno quiere pactar otra. Se trata de poner la pelota en el tejado del presidente, para responsabilizarle de que no deje que los catalanes decidan libremente su futuro. En la entrevista televisada del lunes recordó lo que Rajoy respondió tras conocerse el pacto cuatripartito para cuestionarle duramente: «No habrá negociación y no habrá consulta. ¿Esta es la respuesta de un demócrata?».

Artur Mas pide una reunión en la Moncloa para escenificar el desencuentro. Se presenta así como un político dialogante, que va a hacer todos los esfuerzos para pactar, eso sí tras lanzar un órdago contrario a la Constitución, frente a un Rajoy intolerante, cuya cerrazón, como dijo ayer Francesc Homs, «no tiene recorrido». Mas demandó a Madrid que haga una «oferta atractiva» a Cataluña, porque esta ya tiene su propuesta, el referendo, aunque los socialistas y los populares no lo suscriban.

La última fase

La última fase de la estrategia conjunta de Mas y Junqueras, son unas elecciones anticipadas de carácter plebiscitario. Ambos saben que no va a haber consulta, pero argumentan que los catalanes van a votar sí o sí en unos comicios que presentarán como un plebiscito sobre la independencia, una vez que hayan hecho ver a los catalanes que la culpa de que no se puedan expresar es de Mariano Rajoy en connivencia con Pérez Rubalcaba.

En esta huida hacia adelante está claro que ERC, los independentistas de siempre, va a sacar rédito electoral, ya que, además, su propuesta es que haya consulta aunque sea ilegal. ¿Pero qué pretende Mas? Esta es la gran incógnita. A corto plazo, ganar tiempo para aprobar los presupuestos con el respaldo de ERC. ¿Y a medio plazo? Si se tiene en cuenta el varapalo que ya sufrió en las urnas en el 2012 y las encuestas, que prevén el sorpasso de CiU por ERC, podríamos decir que se está haciendo el harakiri político.

Además, corre el riesgo de que la federación con Unió, basada en un difícil equilibrio, salte definitivamente por los aires. Es significativo que Josep Antoni Duran i Lleida no haya revelado qué votaría en el referendo. ¿Para qué si sabe que no lo habrá? Una muestra de que Artur Mas está convencido de ello es que no quiere entrar ni a valorar cómo habría que leer los resultados a esa confusa doble pregunta.

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