Miguel Herrero de Miñón: «No hay consenso político ni técnico para hacer la reforma»

Asegura que no es necesario tocar la Constitución para hacer cambios


Madrid / La Voz

Miguel Herrero de Miñón (Madrid, 1940) fue uno de los siete padres de la Constitución, es miembro permanente del Consejo de Estado y uno de los políticos más brillantes de su generación. Ha publicado Cádiz a contrapelo. 1812-1978: dos constituciones en entredicho (Galaxia Gutenberg), un estudio en el que desmitifica La Pepa y destaca el valor de la actual Carta Magna.

-Resulta paradójico que la Constitución de Cádiz de 1812 se haya mitificado y la de 1978 reciba cada vez más críticas.

-Es así. La Constitución de Cádiz fracasó siempre, en España y fuera de España, y, sin embargo, se ha convertido en una especie de ídolo, mientras que la actual, con todos sus defectos, que sin duda tiene muchos como toda obra humana, lleva funcionando bien durante 35 años y todo el mundo la critica y hay numerosas iniciativas para reformarla cuando no para destruirla.

-¿Cree que hay que reformar la Constitución?

-Como toda Constitución, es posible reformarla. Lo que hace falta es un alto grado de consenso político y de consenso técnico para saber qué extremos se quieren reformar y en qué sentido, y ahora no hay ni uno ni otro para hacer la reforma. Si se quiere reformar la ley electoral hay que decir qué sistema se quiere, porque las variantes son múltiples; si se quiere revisar el Senado habrá que saber qué tipo de Senado se quiere; y lo mismo con el modelo territorial. Antes de revisar la Constitución y en tanto no se produce ese grado de consenso deseable lo que habría que hacer es aplicarla con sentido común y, en segundo lugar, desglosar una serie de aspectos que no requieren reformarla sino cambiar las leyes. Así, para revisar el sistema de partidos no hace falta tocar el artículo 6, sino las leyes de partidos y de su financiación. Cuando se pueda reformar mediante un pacto político y la modificación de una ley sígase ese camino sin tocar la Constitución.

-¿Por qué no es posible el consenso que se logró en 1978? ¿Son peores, más sectarios, los políticos de ahora?

-Yo no sé lo que son, pero desde luego no son capaces de consensuar como lo fuimos nosotros.

Si los partidos no se ponen de acuerdo en cosas importantes pero de menor cuantía es más difícil que lo hagan sobre la reforma de la Constitución. Deberían cultivar el acuerdo en la política de todos los días.

-¿Cree que hay que buscar un nuevo encaje a Cataluña reformando la Constitución?

-Creo que en último término es posible que se pueda y se deba reformar, pero sinceramente creo que el encaje de Cataluña y de otros hechos diferenciales como son Galicia y Euskadi puede hacerse sin revisar la Constitución. Es posible porque exige una política de reconocimiento de su identidad nacional que ya está en muchas leyes y lo que hace falta es no desvirtuarla mediante leyes de bases y recursos al Tribunal Constitucional. Lo que yo digo es que si se hizo una mutación constitucional con los pactos de 1981 uniformando el sistema autonómico, con todos los problemas que ello crea, pues con otros pactos semejantes, sin necesidad de afectar al texto escrito, se podría conseguir un encaje de Cataluña satisfactorio para todos y reconocer su situación especial, así como las de Euskadi y Galicia. Hay que restablecer el principio de asimetría.

-Usted ha calificado de disparate el «café para todos».

-Sí. El café para todos no procede de la Constitución, sino de los pactos de 1981.

-¿Cree que una consulta como la que propone Artur Mas cabe en la Constitución?

-Creo que no es un problema constitucional, sino de voluntad política, y hoy día es imposible aceptar esa consulta porque lo ha planteado mal desde el principio, como una consulta para hacer a Cataluña independiente, y eso es inaceptable para el Gobierno, la opinión pública y las fuerzas políticas españolas. Hemos llegado a esta situación por un serie de muchos errores encadenados de unos y otros.

-¿Cuáles son los mayores logros y errores de la Constitución?

-Fueron grandes aciertos la monarquía parlamentaria, una tabla de derechos muy amplia y generosa y reconocer la diversidad territorial española y la posibilidad de admitir en su seno identidades nacionales distintas. El gran mérito de la Constitución del 78 es que fue consensuada. Sin duda, hubo errores inevitables en un proceso constituyente en el que había que compensar muchas aspiraciones, iniciativas e intereses, pero la jurisprudencia los ha ido depurando. Hubo un error sin duda que fue dejar abierto el tema territorial.

-La transición, que se mitificó, ahora se pone en cuestión.

-Creo que está mal mitificar todo, pero la transición, que sin duda tuvo defectos y pudo haberse hecho mejor, fue un éxito y así ha sido reconocido. Acabó con un sistema autoritario y pasó a otro de plenitud democrática. Querer hacer tabla rasa de eso es un disparate. Ha habido quien ha atribuido a la mala fe todos los intentos de reabrir heridas con memorias o desmemorias, yo lo atribuyo a la pura ignorancia. Hay numerosos españoles que tienen complejo de Adán, se creen que toda ha empezado con ellos y creen descubrir el Mediterráneo cada mañana, lo que es peligroso.

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