Tras dos años de incumplimientos y recortes, Rajoy ve luz al final del túnel

El aniversario de su triunfo electoral se cumple con un gran desgaste y decepción ciudadana


Madrid / La Voz

Han sido dos años de incumplimientos electorales, recortes, reformas estructurales y aumento del paro en los que Mariano Rajoy ha demostrado su fama de resistente nato. Si se tiene en cuenta que, además de lidiar con la profunda crisis, durante el último año le han perseguido las revelaciones de Luis Bárcenas y se ha enfrentado al mayor desafío independentista de la historia. Es difícil imaginar un escenario peor para gobernar. Ahora se apoya en los incipientes signos de recuperación, que no llegan aún a los ciudadanos, para decir que ve luz al final del túnel y prometer que cuando acabe su mandato la situación será «infinitamente mejor» que al llegar a la Moncloa.

Hoy se cumple el segundo aniversario de su aplastante victoria en las urnas, que le dio una mayoría absoluta histórica de 186 diputados frente a 110 del PSOE. «No he cumplido el programa electoral, pero he cumplido con mi deber». De esta forma resumió la primera característica de este período: el incumplimiento de sus principales promesas desde el minuto uno, que siempre ha justificado porque se encontró una situación mucho peor de la que esperaba. Lo más llamativo ha sido la subida de los impuestos. Pero además, ha hecho recortes importantes en sanidad, educación, e incluso en las pensiones, que era su línea roja, ha abaratado el despido y facilitado la devaluación salarial.

El principal fracaso del Gobierno ha sido no frenar la sangría del paro, ya que hay 630.000 personas más sin trabajo que cuando llegó al poder. En el primer trimestre superó la cifra récord de los seis millones y ahora está por debajo pero con una tasa del 26 %. Rajoy calificó de «insoportable e inaceptable» un dato sensiblemente menos malo y responsabilizó del mismo a Zapatero. Por otro lado, la deuda se encamina al 100 % del PIB.

En su haber hay que apuntar que el rescate ha desaparecido del escenario, con la consiguiente bajada de la prima de riesgo. A lo que también ha contribuido el presidente del BCE, Mario Draghi. «Hoy a nadie se le ocurre preguntarme del rescate», presume para enfatizar lo más positivo del balance de su media legislatura. El fin del rescate bancario le da también un respiro.

Pero Rajoy no solo ha tenido que lidiar con la crisis económica sino con las acusaciones del extesorero Luis Bárcenas. Su estrategia de hacer como si el problema no existiese se quebró al aparecer los SMS que se cruzó con él, sobre todo uno en el que le daba ánimos después de descubrirse su fortuna en Suiza. Se vio forzado a acudir al Parlamento a dar explicaciones y la oposición lo acusó de mentir. Este caso de corrupción ha dañado mucho al PP, pero el Gobierno cree que el calvario va a terminar pronto con la única condena de Bárcenas.

El desafío independentista de Artur Mas marca el mandato. Rajoy se opone tanto a la consulta como a la reforma constitucional que reclama Rubalcaba. Confía en que su inmovilismo y el tiempo minimizarán el problema.

El veredicto de los españoles es muy negativo. Siete de cada diez consideran mala o muy mala la gestión del Gobierno, y pocos creen (18 %) que la situación económica mejorará en el 2014. El desgaste electoral del PP es dramático, con una caída de diez puntos en el mejor de los casos, pero el PSOE no remonta.

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