Más promesas y buenas intenciones que respuestas reales


madrid / la voz

El PSOE ha vuelto, dice Rubalcaba. ¿Es cierto? O, dicho de otro modo, ¿para qué ha servido la conferencia política? Su objetivo era, en palabras de su coordinador, Ramón Jáuregui, a este diario «presentar un proyecto renovado y modernizador que dé respuesta a la triple crisis que vive España: territorial, democrática y económico-social». Lo que los socialistas han aprobado este fin de semana no es una alternativa global y bien diseñada que cumpla ese ambicioso objetivo que se marcó, sino una serie de propuestas un tanto inconexas, cuyo denominador común sería la apuesta por la igualdad. Lo más destacable es la reforma fiscal, que pretende aumentar la presión sobre las rentas y las grandes empresas y rescatar, en su propio lenguaje, a las bajas, quienes ganen menos de 16.000 euros brutos anuales. Hay además iniciativas bienintencionadas como crear un fondo que garantice el Estado de bienestar, similar al de las pensiones, o blindar constitucionalmente la sanidad pública gratuita o universal. Lo fundamental es la promesa de enmendar los «destrozos» causados por el Gobierno en materia social. Todo ello se fía a recaudar 50.000 millones más, pero sin entrar en mayores detalles.

Por otro lado, por muchos aplausos que cosechara Pere Navarro y por mucho que tanto Rubalcaba como Susana Díaz manifestaran públicamente que el partido quiere seguir unido al PSC, este sigue instalado en la defensa del derecho a decidir.

El cambio más importante, revolucionario, si se quiere, atañe específicamente al propio PSOE, aunque propone hacerlo extensible a los demás partidos, las primarias abiertas a la ciudadanía para elegir al candidato a presidente del Gobierno. El propio Jáuregui reconoció que son «un gigantesco salto de profundización democrática, pero generan inestabilidad». Y no solo hasta que se celebren, sino que después podrían abocar a una bicefalia si Rubalcaba no se presenta o las pierde y decide seguir como secretario general.

Déficit de credibilidad

El PSOE tiene un grave problema de credibilidad que se resume en una pregunta que es como un martillo pilón: ¿por qué no lo hicieron cuando gobernaron? Los simpatizantes de izquierdas, de entre los cuatro millones de ciudadanos que dejaron de votarlo hace dos años, están en su legítimo derecho de no considerar creíble este giro a la izquierda del «PSOE más rojo», del que presume Elena Valenciano. Es pronto para saberlo, pero discutible. Al déficit de credibilidad añade el de liderazgo, con un Rubalcaba que no inspira confianza a más del 90 % de los españoles.

La conferencia, además del efecto propagandístico de este tipo de cónclaves, ha tenido la virtud de provocar el debate interno, de que se escuchen autocríticas por los errores cometidos, pero el PSOE sale de la misma sin un proyecto claro y omnicomprensivo y en puertas de que se abra la batalla de las primarias. Lógicamente, esta conferencia no podía ser el bálsamo de Fierabrás que lo cure todo. Los problemas siguen ahí, pero ha sido un primer paso de un camino que se antoja largo y difícil.

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