El líder no tira la toalla, pero parece cansado de dar pedales

Rubalcaba aseguró ayer que el PSOE «ha vuelto», pero no explicó dónde ha estado metido todo este tiempo


Madrid / La Voz

En 1999, el PP organizó un congreso bajo el lema de «Viaje al centro». «¿De dónde vendrán, que todavía no han llegado?», se preguntó entonces Alfonso Guerra, cáustico como siempre. Rubalcaba aseguró ayer que el PSOE «ha vuelto», pero no explicó dónde ha estado metido todo este tiempo en el que él ha sido secretario general. Hubo quien quiso ver en ese discurso un intento de poner el cuentakilómetros a cero para llegar vivo a las primarias. «Darle por muerto es un error», aseguraba ayer uno de los delegados, que destacaba su legendaria capacidad de supervivencia, demostrada en esta conferencia al sacarse de la chistera un pacto con Susana Díaz que deja en ridículo a sus críticos y recuerda al que hizo Zapatero con Guerra en el 2000 para ganarle el congreso a un Bono que todavía rumia la jugada.

Pero son mayoría los que sitúan al secretario general en la puerta de salida. Alguna pista dio porque, además del fingido tartamudeo, se le aprecian otros tics. Ya no dice, por ejemplo, «cuando lleguemos al Gobierno derogaremos la reforma laboral», sino que asegura que lo hará «el próximo Gobierno socialista», como si él ya no fuera a estar allí. El líder del PSOE, que busca ya el abrigo de González y de Zapatero como un toro herido que se refugia en las tablas, parece que solo aspira ya a una salida digna que le permita formar un sanedrín con los dos ex secretarios generales más queridos. Pero le aterra acabar como Almunia, olvidado y hasta denostado. De ahí que le cueste apearse en plena cuesta abajo. Rubalcaba sigue sin entender que lo quieran jubilar unos imberbes. Pero parece cansado ya de dar pedales.

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