Los mineros vetan a los políticos en el funeral y exigen saber qué pasó

Herrera, presidente de Castilla y León, fue increpado y no entró en el pabellón


Pola de Gordón / Enviada especial

«¡Ay, mi niño!». El llanto de una madre dejaba en silencio a más de cuatro mil personas. Era el último adiós a los seis mineros que dejaron su último aliento en el pozo Emilio. Fueron despedidos en el funeral conjunto que se ofició ayer en el pabellón de Santa Lucía de Gordón. Pero esta vez no hubo tregua. La tristeza se trufó con preguntas y acusaciones, con la exigencia de responsabilidades. Por eso el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, escuchó la ceremonia fuera del polideportivo, entre la gente, cerca de una vieja canasta de una pista exterior de baloncesto, con la montaña leonesa al fondo. Porque así lo quisieron las familias, porque así lo quisieron los mineros. «Estamos donde corresponde, acompañando a unas familias, a una comarca con mucho dolor», se limitó a decir Herrera.

A su llegada, la comitiva de políticos, entre los que figuraban alcaldes de la comarca, y la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, recibió una colección de recriminaciones: «Vienen solo a hacerse la foto. Esto pasa por vuestras políticas. No habéis luchado por la minería». Al margen, el secretario de organización del PSOE, Óscar López, y Gaspar Llamazares, de IU: No hubo un tumulto. No se sobrepusieron gritos. Mineros lanzaban sus críticas al aire mientras todos escuchaban. Y eso hacía que sonaran más pesadas si cabe. No pudo escucharlas ningún representante del Gobierno central. El ministro de Industria, José Manuel Soria, centro de todas las iras de las cuencas, excusó su ausencia diciendo que «el Ejecutivo está representado por el delegado del Gobierno». En realidad, nadie lo esperaba en Gordón. Sí sorprendió, sin embargo, que no acudiera al acto nadie de la Casa Real.

«¿Por qué?»

Las preguntas ayer las hizo el minero que participó en la ceremonia recordando sus compañeros. «¿Por qué?», repitió. Y aseguró que alguien tendrá que explicarles a todos por qué murieron sus compañeros. Las familias quieren respuestas y, tras tres jornadas de dolor, miran a la empresa explotadora de la mina, a la Hullera Vasco Leonesa. Porque una de las familiares de los muertos, rota por el dolor, fue durísima con el patrón, Antonio del Valle, que estaba presente. «Dijo a algunos que los mineros no tenían cojones a bajarse, a meterse en algún sitio. ¡Que vea que sí tiene, que son muy valientes, más que él, que no lo queremos en la zona. ¡Son más valientes que él mil veces!». Su voz tronó diciendo que ojalá los responsables «nunca descansen y que vean los ataúdes cuando cierren los ojos». Para las familias, «este accidente podía haberse evitado». Los asistentes aplaudieron y lloraron a la vez.

El obispo de León trató de reconfortar a los presentes aludiendo a Lázaro. Lázaro, el que fue enterrado y resucitó. Y seguramente los mineros que volvieron el lunes del pozo Emilio y que estaban ayer en Santa Lucía de Gordón se sentían un poco así. Volviendo a la vida después de estar bajo tierra. Como cada día. Menos seis. Por ellos cantaron todos el Santa Bárbara bendita, por ellos lucían algunos camisetas con el lema «mi sangre es negra, mi herencia minera».

Mientras los políticos se iban, regresaban los reproches: «Ahora, de comilona. Y mañana será otro día». No lo será para el hombre que lloraba de rodillas. La esposa que agarraba una foto como si fuera un salvavidas. O la madre que gritaba por su hijo muerto.

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