Cataluña, en viaje hacia lo desconocido


El viernes, de regreso a Madrid en el AVE, Pérez Rubalcaba, después de haberse entrevistado con Mas, no ocultaba su asombro: «Creo haber visto de todo en política, pero nunca impulsar un proceso hacia adelante sin saber lo que podía venir después». La secuencia que le transmitió el presidente de la Generalitat es firme: antes de fin de año dará a conocer la fecha de la consulta y el contenido de la pregunta. Es lo único que se sabe. Lo que pase en el 2014 es una incógnita y lo que venga después también: hay quien proclama que por ese camino se llega al paraíso y otros temen que esa sea la ruta del retroceso económico y el aislamiento internacional. La realidad es que quienes apuestan por la vía de la independencia cuentan con un formidable aparato de propaganda, oficial y privado mediante subvención, mientras que a los de la segunda opción apenas se les escucha. Y está demostrado un deslizamiento de la población hacia las supuestas bondades de la opción independentista que, además, tiene líderes políticos y sociales visibles, todo lo contrario de la otra opción.

El socialista catalán Pere Navarro, presente en la reunión Mas-Rubalcaba se atreve con un pronóstico: «La consulta no se celebrará y Mas debería dejar de hablar de una Cataluña ficticia. La Cataluña real, con sus problemas, es otra». Fue un viernes muy intenso porque lo abrió Carme Chacón en Madrid, advirtiendo que no basta con decir, como hace Felipe González, que «la independencia de Cataluña es imposible», sino que hay que explicar los perjuicios económicos y sociales que supondría.

La jornada la cerró Duran Lleida en una televisión barcelonesa convencido de que, si se produce una declaración unilateral de independencia por el Parlamento catalán, el mundo no reconocerá al nuevo estado. Ante ese argumento, Francesc Homs, portavoz de Mas, aunque crecen los convencidos de que en realidad Mas es el portavoz de Homs, sostiene que «la Unión Europea no puede dejar fuera a siete millones de ciudadanos». Ya se verá, porque otra lectura posible de ese hipotético hecho es que la UE no echa a nadie, sino que en todo caso serían esos ciudadanos los que saldrían voluntariamente para después ponerse a la cola y tratar de reingresar de nuevo.

Más preocupada está Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del PP catalán, que como su antecesor Josep Piqué, juega, en medio de una gran incomprensión en su partido, a un posible acuerdo entre Cataluña y España, por otra parte cada vez más difícil. «El problema de Alicia -sostiene Rubalcaba- es que el Gobierno Rajoy le acaba dando la razón pero con un año de retraso». Para la dirigente popular, «no intervenir ahora en esta batalla contando con decisión la verdad de los riesgos de la operación, es dejar crecer la catalanofobia en España y la hispanofobia en Cataluña». Mal asunto. En el PP catalán temen que si la consulta soberanista se plantea y se prohíbe por Madrid, los daños serán incalculables por lo que urge encontrar soluciones en los próximos meses.

¿Eso es posible? Parece muy difícil porque a base de no dialogar y confiar en que el tiempo resuelva los problemas, hay soluciones quizás válidas hace un año que ya no son aceptadas ahora. La salida acaso podría venir del diálogo entre los más sensatos, aunque este es un asunto pasional por ambas partes: los que «les duele España» en Cataluña pero quieren soluciones y los independentistas preocupados por la velocidad excesiva del proceso. Pero desgraciadamente no son tiempos propicios para la sensatez.

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