Rajoy busca una oferta alternativa a la independencia para Artur Mas

El PSOE teme que sea demasiado tarde para reconducir el debate soberanista

P. de Las Heras

En el Gobierno, tras la apariencia de tranquilidad, se esconde una creciente preocupación por la deriva de los acontecimientos en Cataluña. En el PSOE no hay apariencia de tranquilidad, sí un abierto temor a que la situación llegue a un punto de no retorno de dificilísima gestión. Rajoy no quiere ser el presidente del Gobierno bajo el que se produjo la ruptura de España. Esa, según afirman colaboradores suyos, es su principal preocupación en relación al conflicto.

Está dispuesto a echar todas las manos a su alcance a Artur Mas para que este canalice el sentimiento soberanista hacia posiciones más templadas. Ha puesto sobre la mesa una notable mejora de la financiación catalana, a sabiendas del malestar que puede causar el gesto en otros gobernantes del PP. Hasta el pacto fiscal, una variante del concierto económico vasco que planteó Mas en septiembre pasado y que despachó de un plumazo, está en consideración.

Rajoy se mueve en el difícil equilibrio del posibilismo del gobernante y la rigidez de sectores de su partido, para los que no hay más solución que la firmeza y hasta la mano dura si fuera necesario. Sus límites, dice, son los de la Constitución que consagra la unidad de España y la imposibilidad de una parte de escindirse del todo sin la anuencia del todo. Su oferta hasta ahora es diálogo y respeto a la ley, pero con esos mimbres, y pocos más tiene, parece difícil hallar una salida.

El interlocutor del Gobierno para el día a día es el portavoz de CiU en el Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, con pésimo cartel entre el soberanismo porque goza de alta consideración en Madrid. Duran también advirtió a Rajoy que la situación, a pesar de las calamitosas consecuencias para Cataluña que se pregonan, puede ser irreversible. Pero el Gobierno no da con la tecla política para hacer frente al problema más allá de invocar el respeto a la ley.

Pesimismo en el PSC

En el PSOE ha empezado a cundir el temor de que el auge del independentismo cobró tal fuerza que a estas alturas es un torrente imposible de parar. «La situación -admiten sin tapujos en la ejecutiva federal- se nos ha ido de las manos. No se puede reconducir fácilmente».

El pesimismo es aun mayor en el PSC. El éxito de la cadena humana que sacó a más de un millón de personas a la calle en la Diada fue un golpe para su moral. Un golpe, confiesa un parlamentario que no participó en la marcha, en lo más íntimo porque allí estaban, no sus adversarios políticos, sino sus amigos, sus vecinos, hasta sus padres y hermanos. «El sentimiento -señala abatido- es arrollador».

Ferraz todavía confía en que a su propuesta de reforma constitucional no se le haya pasado el arroz y sirva para canalizar el sentimiento de los que, en realidad, nunca han querido la independencia pero ahora se sienten inmersos en esa ola de emociones que, dicen, Rajoy ha sido incapaz de gestionar con inteligencia. En el PSC no están tan seguros. «Si estuviéramos en el Gobierno y pudiéramos pasar de un federalismo retórico a un federalismo real quizá estaríamos a tiempo de reconducir las cosas -señala un dirigente del PSC- pero ya vamos tarde».

No es una voz aislada. «Lamentablemente -dice otro socialista catalán- creo que ya no hay margen para la política. Esto no tiene solución». Alfredo Pérez Rubalcaba no tira la toalla y en los próximos días quiere reunirse con discreción con Mas. Ya lo hizo, también en secreto, antes del verano.

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