Caso Faisán: Pamies y Ballesteros niegan órdenes políticas para detener la operación contra ETA

Agencias

ESPAÑA

«Yo con el señor Joseba Elosúa por el teléfono no he hablado en mi vida», ha afirmado Pamies

16 sep 2013 . Actualizado a las 19:52 h.

El ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies ha afirmado -en el juicio contra él del caso Faisán por haber ordenado el chivatazo que desmontó una operación contra ETA en el 2006- que no hubo ninguna orden política para parar el dispositivo, cosa que «no hubiera admitido». Pamies se sienta en el banquillo de la Audiencia Nacional acusado de colaborar con ETA por el chivatazo en el que, según el fiscal, el 4 de mayo del 2006 avisó al dueño del bar Faisán de Irún y miembro del aparato de extorsión de la banda, Joseba Elosua, de que se iba a producir una operación ese mismo día, con la supuesta finalidad de no romper el proceso de paz con el grupo terrorista.

«¿Recibió usted una orden política de interrumpir la Operación Urogallo?», le ha preguntado el fiscal Carlos Bautista, a lo que ha respondido: «Para nada, tampoco lo hubiera admitido». Esta pregunta se le ha hecho acerca de una conversación de 27 minutos que mantuvo el 3 de mayo a las diez de la noche con el ex director general de la Policía Víctor García Hidalgo en la que, según ha admitido el acusado, se habló de la operación del día siguiente.

Según el fiscal, Pamies avisó a Elosúa de la operación y a través de su subordinado y entonces inspector de Álava, José María Ballesteros -también acusado y que también ha declarado este lunes-, quien le entregó al etarra un móvil en el bar Faisán y le puso al aparato a su jefe. Pamies, que se enfrenta a una petición fiscal de 2 años de cárcel por revelación de secretos y, alternativamente, a 5 años por colaboración con ETA, ha asegurado que él no habló con Elosua.

«Yo con el señor Joseba Elosua por el teléfono no he hablado en mi vida», ha afirmado Pamiés, quien ha justificado la presencia de Ballesteros en el bar Faisán y el área circundante en que le pidió que hiciera una batida para controlar los dispositivos policiales porque se iba a reunir con un infiltrado en ETA, apodado El Romano y que testificará en la vista. Ha explicado que supo de la operación el día anterior a las ocho de la noche y que en la conversación telefónica mantenida con Hidalgo tres horas después protestó porque se le había informado muy tarde.

«Le dije que cómo demonios el comisario general de Información hace una operación sin tener la deferencia al menos de informarme», ha indicado Pamies. En la misma conversación de casi media hora también se habló, ha dicho, de que al día siguiente tenía una cita con el confidente y algún otro tema más. «Le dan ustedes mucha importancia a la duración de estas llamadas», ha recriminado al fiscal. Ha asegurado que flipó «en colores» cuando le dijeron que estaba imputado de colaborar con banda armada y que, por eso, contestó «de forma no respetuosa» al exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón cuando le citó a declarar.

Para Pamies, no es cierto que, como según él dice el sumario, se saltara «a la torera el canal reglamentario» al hablar con Ballesteros, especializado en terrorismo islamista, ya que «un general le puede decir a un comandante: 'de este tema en concreto, despachas ante mí'». El exresponsable policial del País Vasco y actual comisario provincial de Huesca ha criticado además que «los quince tomos del sumario están basados exclusivamente» en los rastreos de las llamadas que mantuvo con su móvil «oficial», cuando también usaba móviles de prepago, teléfonos fijos de sus despachos y otros.

Sobre la que ha calificado de «famosa llamada» del chivatazo entre Pamies y Ballesteros, que duró 8 minutos y 11 segundos, y se produjo a las 11.23 horas del 4 de mayo desde la zona del bar Faisán, el acusado ha dicho que sería para explicarle cómo estaba la situación por allí. «Si hay 286 llamadas de más de 7 minutos, no se por qué una es sospechosa, para mí es normal», ha apuntado. Pamies, que se ha negado a contestar a las preguntas de las acusaciones del PP, la AVT y Dignidad y Justicia, ha sido también interrogado por el fiscal acerca de tres llamadas que recibió en la noche del 3 de mayo de la Subsecretaría del Ministerio del Interior, que ha atribuido a un amigo que trabaja en el Centro Nacional de Coordinacion Antiterrorista (CNCA).

Sobre si desde el aborto de la operación en el 2006 y el día de hoy ha tenido algún contacto con Elosua, ha dicho que solo ha hablado alguna vez en persona cuando ha entrado en el bar Faisán «de paso». Tras la declaración de una hora y cuarto de Pamiés ante la sección tercera de la Audiencia, presidida por Alfonso Guevara, le toca el turno a Ballesteros, el otro acusado en este juicio.

«No se lo dejo a nadie salvo a mi mujer y mis hijos»

Por su parte, el inspector José María Ballesteros ha respaldado la versión de Pamies al negar haber facilitado al dueño del bar Faisán el teléfono desde el que una tercera persona dio el chivatazo sobre la inminente operación contra el entramado de extorsión de ETA. Ballesteros, que se enfrenta a una pena de hasta nueve años de cárcel por colaboración con organización terrorista y revelación de secretos, ha reconocido en el juicio celebrado en la Audiencia Nacional que aquel día se trasladó a Irún por encargo de Pamies para informarle sobre la presencia policial española y francesa que divisaba en la zona y que entró al bar Faisán porque le permitía «dominar» dos partes diferentes de la frontera.

Sin embargo, el inspector ha negado haber consumido un café en el establecimiento. «A esa hora ya había tomado café. La gente que me conoce sabe que no soy cafetero», ha aseverado, para añadir que «nunca» habla por teléfono dentro de los bares como «medida de seguridad» dentro de los grupos de Información, dedicados a la lucha antiterrorista. Al ser preguntado por el fiscal Carlos Bautista si puso el teléfono a Elosua para que hablara con Pamies, el inspector destinado entonces en Vitoria ha contestado tajantemente: «No, señoría». Ese día, según ha dicho, vestía pantalón vaquero, camiseta, cazadora caqui militar con hombreras.

A preguntas de su abogado defensor, José Luis Vegas, Ballesteros ha recalcado que entró en el Faisán porque Pamies le había encargado vigilar la frontera para su cita con el confidente etarra El Romano y el establecimiento le permitía «la facilidad de dominar dos zonas diferentes de la frontera» con Francia. «A mí nadie me avisa nada. Yo en un bar ahí arriba no estoy más de diez minutos, es imposible, absolutamente imposible. No he pasado un teléfono a nadie. No se lo dejo a nadie salvo a mi mujer y mis hijos o a algún compañero», ha dicho.

En cuanto al tráfico de llamadas con Pamies, el inspector ha manifestado que el día anterior recibió una llamada de su superior para que se trasladara al día siguiente hasta Irún sin concretar el objeto de su viaje y que entonces comunicó a otros compañeros que se ausentaría de un curso de conducción de 4x4 en el que tenía previsto participar en Santander. «Pamies me dijo que ya me iría diciendo», ha añadido.

A primera hora de la mañana del 4 de mayo partió hacia Irún y se comunicó con quien fuera jefe superior del País Vasco para pedirle consejo de como llegar a aquella zona. Aunque desconoce si estuvo cerca de las inmediaciones de Gazteluzar, donde se ubica el domicilio de Elosua, Ballesteros ha asegurado que no preguntó a ninguna mujer sobre el paradero del bar Faisán. «No pregunto nada a nadie», ha dicho. El equipo investigador mantiene que uno de los autores del soplo preguntó a Avelina Llanos, mujer de Elosua, por la dirección del establecimiento y luego se trasladó hasta allí para entregar el teléfono desde el que se hizo la delación.

Ballesteros, entonces destinado en la lucha antiterrorista, ha negado haber informado a Pamies de que sus teléfonos estuvieran pinchados y ha indicado que ese día intentó hablar varias veces con él porque hacerlo con el jefe superior era «bastante complicado». Antes del día en que se produjo la delación, se reunía puntualmente con él para mantenerle informado de las operaciones contra el terrorismo islámico. «Las reuniones se producían una vez al mes», ha concluido Ballesteros, que se ha negado a responder a las preguntas de las acusaciones populares ejercidas por el PP, la AVT y Dignidad y Justicia.