La cadena que fractura Cataluña

La reivindicación independentista de la Diada viene precedida del diálogo entre Rajoy y Mas, que ha dejado claro que no hará una consulta ilegal


Madrid / la voz

La impresionante manifestación de la Diada del año pasado hizo que Artur Mas se subiera a la ola independentista iniciando una deriva que le condujo a la convocatoria de elecciones anticipadas el 25 de noviembre del 2012, en las que cosechó un monumental fracaso, ya que CiU perdió 12 de sus 62 diputados, lo que la dejó en manos de ERC, que se convirtió en el gran árbitro de la política catalana.

Ese 11 de septiembre marcó un antes y un después en la reivindicación independentista, que este año subirá un nuevo escalón con la cadena humana que recorrerá Cataluña de norte a sur, organizada por la Asamblea Nacional Catalana (ANC), que espera reunir a un millón y medio de personas. Está inspirada en lo que sucedió el 23 de agosto de 1989 cuando cientos de miles de ciudadanos de Lituania, Letonia y Estonia unieron sus manos en una cadena humana de 600 kilómetros para reclamar la independencia de la URSS de las tres repúblicas bálticas.

La apuesta de Mas por el Estado propio ha supuesto la fractura de la sociedad catalana, que se ha trasladado a los partidos. Mientras Convergència y ERC son entusiastas partidarios de la independencia, en Unió, el PSC e ICV hay una división entre las corrientes mayoritarias, que se oponen, y las minoritarias, que están a favor. PP y Ciutadans están claramente en contra.

En vísperas de la Diada Mas ha movido ficha para tratar de marcar esta vez la agenda y evitar ser sobrepasado de nuevo por la calle. Su posición ahora es más clara: su intención es celebrar la consulta en el 2014, pero si el Gobierno se lo impide convocará unas elecciones plebiscitarias en el 2016. Pero en ningún caso se saltará la legalidad.

Al tiempo que el presidente catalán anunciaba lo que supone un frenazo a su plan soberanista, se conocía que seis días antes se había reunido en secreto con Rajoy en la Moncloa para sondear la posibilidad de que este dé luz verde a un referendo pactado. Ambos Ejecutivos mantienen contactos para buscar una salida dialogada. En su habitual tono críptico, el propio Rajoy admitió por primera vez la posibilidad de hacer «cosas razonables» con Mas. El Gobierno, aunque no lo quiere decir, está muy satisfecho con el giro que ha dado el dirigente catalán.

Sin duda, ambos presidentes han querido rebajar la tensión de cara a la Diada, aunque el de la Generalitat aprovechará su previsible éxito para presionar a Madrid. Mas, que debe nadar y guardar la ropa para no irritar a ERC, reiteró ayer que su objetivo es que la consulta se celebre en el 2014 y dijo que a finales de este año se fijará la fecha y la pregunta o preguntas, como estaba previsto. Pero añadió que debe ser «acordada o al menos tolerada» por el Gobierno.

Está por ver que una salida dialogada sea factible, ya que Rajoy no puede aceptar la consulta de igual modo que Mas no puede renunciar a la misma. Como sostiene sólidamente el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidade de Santiago Roberto L. Blanco Valdés, ni siquiera el presidente del Gobierno podría convocar una consulta que planteara la soberanía de Cataluña.

Consecuencias

¿Qué consecuencias tendrá el probable éxito de la cadena humana? Para Xavier Arbós, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, «la moral de los independentistas se reforzará y presionarán a Mas». Será «un recordatorio para el Gobierno central de que el problema sigue estando ahí, porque el independentismo genera ilusión y moviliza a un amplio abanico de sectores sociales».

Blanco Valdés admite que en Cataluña «hay una base social muy sólida que quiere la independencia, en torno al 30 o el 35% del cuerpo electoral», por lo que ve normal que haya 350.000 dispuestos a participar en la cadena. Más aun después de 35 años de hegemonía nacionalista que ha supuesto una «manipulación ideológica brutal».

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