Barcelona / Colpisa

A pocos días de la Diada, el presidente de Cataluña, Artur Mas, vertió ayer un jarro de agua muy fría sobre el mundo soberanista, que se muestra impaciente en relación al referendo y sitúa el 11-S de este año como la antesala de la independencia. Mas, que da casi por hecho que el presidente del Gobierno no se avendrá a negociar la convocatoria de una consulta sobre la autodeterminación, empieza a enseñar sus cartas y acota sus opciones: o consulta legal, con el visto bueno del Ejecutivo central, en el 2014 o elecciones plebiscitarias en el 2016. Casi descartada la primera, a pesar de que supuestamente la prefiere y la pactó con Esquerra a cambio del apoyo externo a su Gobierno.

Tampoco parece que esté dispuesto a recurrir a opciones más radicales como consultas organizadas por los ayuntamientos o entidades privadas o incluso una declaración unilateral de independencia. El presidente de la Generalitat dejó claro que si Rajoy no permite alguna de las cinco vías que le ha planteado como cauces para convocar un referendo agotará la legislatura y dará a los próximos comicios carácter definitivo. Así lo expresó en la reunión que tuvo el lunes pasado con unos 250 altos cargos de su gabinete. En esas elecciones plebiscitarias, un formato inédito en la democracia española, los partidos concurrirían con programas compartidos, unos a favor de la independencia y otros en contra. Una victoria de los partidarios de la secesión podría desembocar en una declaración unilateral de la independencia en el Parlamento catalán. «La consulta se hará en el marco de las leyes. Si podemos de forma pactada, acordada y convenida con el Gobierno; ahora bien, si el Gobierno se niega en redondo y se ampara en la legalidad para que sea un freno, siempre tendremos un marco legal, que serán unas elecciones», dijo en Catalunya Ràdio.

El mensaje de Mas, que la oposición interpreta como un frenazo en su camino hacia la consulta, tenía tres destinatarios. El primero, en clave interna: trata de ganar tiempo, ahora que asoman los brotes verdes a lo lejos, para restañar heridas en la coalición que preside, tras un año de duras discrepancias con Unió. También para Rajoy, al que da algo más de aire para negociar, pero advierte de que si no ofrece una alternativa atractiva a la independencia, en el 2016 tocará choque de trenes.

Y pensaba en ERC. Mas, que quiere incorporarla a su Gobierno para poder aprobar unos presupuestos que hasta ahora ha tenido que prorrogar, fue muy claro: «No descarto nada en este momento, solo una cosa: hacerlo mal por las presiones», afirmó. Esquerra captó el mensaje y replicó con contundencia. No hubo estridencias para no abrir una crisis en el pacto, aunque sí amenazas que podrían precipitar las elecciones. «La consulta se celebrará sí o sí el año que viene», insistió ERC. Desde el PSC, también fueron críticos con Mas. «Eso del plebiscito suena a campaña para tenernos entretenidos hasta el 2016», ironizaron los socialistas.

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Mas insinúa que sustituirá la consulta por elecciones plebiscitarias en el 2016