La fantástica declaración en la que Dorribo mezcló verdades y suposiciones que no se probaron


Lugo / La Voz

La pesadilla del caso Campeón para José Blanco comenzó el 8 de agosto del 2011, cuando un empresario acorralado decidió hacer algo ahora tan de moda como tirar de la manta. Jorge Dorribo llevaba tres meses encarcelado por la jueza San José por una ristra de ilegalidades con subvenciones y movimientos fraudulentos de capital cometidos dentro del entramado de empresas farmacéuticas Nupel. Y para que lo dejase en libertad hizo un tremendo esfuerzo de memoria pero, por lo que se ve, también halagó a la jueza con imaginación y detalles que había oído pero que no tenía muy claros. Y así fue como contó su encuentro con José Blanco en la gasolinera de la autovía de Guitiriz -que el ministro no negó- y la supuesta entrega de un sobre con 200.000 euros para agilizar gestiones en el Ministerio de Sanidad; o que el gerente de Azkar había pagado parte del chalé de Blanco. Extremos ambos que siempre negó el ministro, y que al final no se demostraron.

En cualquier caso, la jueza San José envió todo eso en noviembre de ese año 2011 en un extenso auto al Supremo, ya que José Blanco era aforado y por entonces ministro. Pasadas las elecciones del 20 de noviembre, que ganó Rajoy, la Fiscalía solicitó al Supremo que investigase las acusaciones y razonamientos de la jueza, y así lo hizo el 28 de diciembre del 2011, abriendo una causa penal contra el ya ex ministro de Fomento, pero de nuevo diputado socialista. Fue citado a declarar el 26 de enero del 2012 por cohecho y tráfico de influencias y negó todas las acusaciones de Dorribo, aunque admitió la conversación con su amigo José Antonio Orozco, y que luego se interesó por los problemas burocráticos que sufría su empresa, Transportes Azkar, para abrir una nave en la localidad catalana de Sant Boi. «Soy muy accesible, recibo a mucha gente, y al señor Orozco le dije que lo miraría», declaró.

Un informe pericial concluyó que no había recibido el dinero de Dorribo, y tampoco se llegó a demostrar que alguien le pagase parte de su chalé, aunque la unidad fiscal de la policía pidió prórrogas y plazos para investigar a fondo, hasta que el Supremo decidió, ya en marzo de este año, cerrar la investigación y no fiscalizar las cuentas de la esposa de Blanco. Pero seguía adelante el caso por la mediación en favor de Azkar, por lo que Blanco se convenció de que iba a acabar en el banquillo por eso, y el pasado 5 de abril anunció que renunciaba a dirigir el PSdG, «pase lo que pase».

En junio, el Supremo dio validez a las grabaciones telefónicas de José Blanco y sustentó en ellas la acusación por tráfico de influencias, que también apoyó la Fiscalía. Y así, cuando ya parecía irremediable la imagen de Blanco en el banquillo solo por tráfico de influencias, llegó el archivo.

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La fantástica declaración en la que Dorribo mezcló verdades y suposiciones que no se probaron