Vicente Garrido: «José Bretón no está loco, pero tampoco es normal»

El criminólogo asegura que se trata de un caso especial en el que el supuesto asesino crea un escenario muy novedoso: «Finge ser un padre abatido que pide a su todavía mujer que se una a él en la búsqueda desesperada de sus hijos». Y lo hace para alimentar las pulsiones de una personalidad malvada


Vicente Garrido (Valencia, 1958) es uno de los pocos perfiladores criminales de España, además de doctor en Psicología y novelista de éxito (es coautor junto con la coruñesa Nieves Abarca de Crímenes exquisitos y Martyrium). Estudió muy de cerca el caso Bretón y lo analiza en su última obra: El secreto de Bretón (Ariel).

-¿Por qué escriben este libro?

-Este caso es especial, porque la Fiscalía acusa a un hombre de fingir una pérdida de sus hijos para ocultar un doble asesinato. Si esto es realmente así, y, la verdad, creo que el argumento acusatorio es muy sólido, introduce una variante importante en el modus operandi de los parricidas. Aquí Bretón finge ser un padre abatido que pide a su todavía mujer que se una a él en la búsqueda desesperada de los niños. Esto presenta una escena del crimen novedosa.

-¿Qué hubiese supuesto para este caso trazar un perfil criminal desde el principio?

-La policía tuvo un perfil desde el comienzo, y fue brillante. He de decir que la investigación policial fue impecable. La gente cree que fue pésima, porque se tardó un año en llevarlo a la cárcel como supuesto autor, pero esto no es así en absoluto. Solo el error de la analista de la policía permitió que Bretón siguiera libre tanto tiempo. Se lo diré en otras palabras: Bretón amañó la escena del crimen de modo muy precario, lo que es normal considerando que no tenía experiencia. Nunca fue un enemigo de altura para la policía. El juez instructor también lideró muy bien la investigación.

-¿Por qué, supuestamente, José Bretón mató a sus hijos?

-El motivo que todos ven es el de venganza. Y, por supuesto, esta aparece. Pero a nuestro modo de ver hay otro más profundo, más enraizado en su estructura psicológica: su necesidad de recuperar el control, algo esencial en su vida. Este hombre ha tenido siempre un equilibrio emocional precario, que ha sostenido mediante sus compulsiones de limpieza, de no contaminarse, de evitar ruidos naturales pero insoportables para él, como el masticar de los que comen con él, y sus exigencias hacia el comportamiento de los demás, en la medida en que haya podido hacerlo, bien mediante órdenes a su mujer, bien mediante el engaño y la manipulación. Cuando Ruth lo abandona, ese mundo está en grave peligro: su autoestima inflada, su narcisismo, su egocentrismo -ya que solo le importa cómo se siente él- sufre un duro golpe. Pero no solo eso: ¿cómo va a sentirse emocionalmente bien, cómo recuperar su férreo control, si lo dejan como a cualquiera? Entonces Bretón decide hacer desaparecer a los niños: eso lo pone en el centro de atención de nuevo, se vuelve a sentir importante. Ruth, aunque no quiera, ha de volver a verlo, a suplicarle, mientras él simula ser un padre destrozado.

-¿Está loco, es un psicópata o solo una mala persona?

-Definitivamente no está loco, pero tampoco es una persona normal, como dice su abogado. De hecho, los informes forenses dejan claro que su personalidad es claramente anormal, lo que no significa que no sea responsable de sus actos. Una cosa es la responsabilidad plena ante la ley y otra cosa es que alguien tenga una personalidad insana. Bretón, a nuestro juicio, presenta lo que se denomina la tríada oscura: rasgos importantes de psicopatía, como crueldad, falta de empatía, ausencia de remordimientos y de lazos afectivos auténticos; narcisismo, o la necesidad de ser muy valorado, ego inflado; baja tolerancia a la frustración y maquiavelismo, ya que emplea estrategias torticeras para conseguir sus fines gracias a manipulación y engaños.

-¿Su determinación por acabar con sus hijos es fruto de un problema mental innato o se desencadenó después de que su mujer le plantease la separación?

-El abandono fue el desencadenante, pero esa personalidad y su forma peculiar de relacionarse con el mundo estaban ahí desde la edad adulta.

-La mayoría de la gente lo ha juzgado ya como un monstruo irrecuperable, ¿es así?

-Si es condenado, pasará muchos años en la cárcel. Un hombre así estará marcado para siempre, pero no tiene por qué volver a reincidir. Sobre todo, porque creo que querrá mantener su imagen, por lo demás patética, de padre intachable, de hombre injustamente tratado.

-¿Es posible que haya perdido la noción de la realidad a fuerza de mentir a los demás?

-No lo creo en absoluto. Sabe muy bien lo que dice: simplemente, es su estrategia desde el principio; no tiene otro camino, por improbable que resulte de cara a la sentencia.

-El libro relata las desconfianzas de su propia familia hacia él: como que su cuñado guarda todos los cuchillos cuando él tiene que pasar la noche en su casa. Sin embargo, siguen a su lado: ¿cómo lo consigue?

-En el libro ponemos de relieve que al principio su familia se alarmó, e incluso su madre avisó de que él algo tenía que ver con esa desaparición tan trágica. Pero luego la familia cerró filas en torno a él, a pesar de que los desaparecidos eran los nietos y los sobrinos. No creo que Bretón consiguiera esto, eso nos habla más bien de la dinámica interna y relacional de la propia familia. Por otra parte, unos padres tienen derecho a creer que su hijo es inocente de este crimen monstruoso y dejarse llevar por el vínculo de aferrarse a la propia historia del acusado para evitar un dolor insoportable; en suma, pueden emplear la negación como forma de no mirar directamente hacia el horror.

-¿Qué puede suponer para él verse en prisión? ¿Puede sumirlo en la locura o hacerlo recapacitar?

-La inmensa mayoría de los presos no se vuelven locos en la cárcel, y no creo que Bretón corra ese riesgo. Se adaptará, creará sus rutinas, procurará mantener bajo control la situación; y no porque tenga un gran autocontrol, como erróneamente estoy escuchando estos días, sino porque su falta de apego afectivo lo lleva a ser pragmático con las consecuencias de los hechos.

-¿Cómo evalúa su comportamiento hasta ahora en la prisión y durante la primera semana de juicio?

-La prisión no va a hacer otra cosa que mantenerlo a buen recaudo, y en eso no habrá mayor problema. Su comportamiento es el predecible: sigue el plan trazado y además goza ahora de notoriedad, lo cual le hace mucho bien a su ego, ya que tiene la oportunidad de nuevo de contar su versión al mundo. Pero en realidad su vida era y es miserable, el doble crimen de que lo acusa la Fiscalía fue una chapuza y verlo en el banquillo de los acusados solo revela lo que ya escribió la filósofa Hannh Arendt: «El mal puede provenir de la pura banalidad».

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