El jarrón chino González y el discreto Zapatero


Madrid / La Voz

Estos últimos días los tres últimos expresidentes del Gobierno parecen haberse puesto de acuerdo para volver a ser protagonistas de la actualidad. Felipe González, porque se reunió con Rajoy el mismo día que Aznar le ponía a caer de un burro en televisión. Zapatero lo hizo para decir que él nunca criticará al presidente del Gobierno. Pero ¿a qué se dedican ambos?

González es el más veterano. Llegó con 40 años a La Moncloa, la abandonó con 54, tras perder las elecciones por menos de 300.000 votos frente a Aznar, y ahora tiene ya 71. Fue el inventor de la mejor definición de los expresidentes: grandes jarrones chinos muy valiosos colocados en pequeños apartamentos, que estorban en todas partes, los pongas donde los pongas.

Felipe González también viaja mucho, aunque en su entorno ironizan que menos que Aznar, por todo el mundo, aunque América Latina es su destino más frecuente. Forma parte del consejo de administración de Fenosa, compañía que lo fichó en el 2010 pagándole 126.500 euros anuales. Su caché por conferencia puede llegar a los 40.000 euros. Es amigo y asesor de Carlos Slim, cuya fortuna asciende a 69.100 millones de dólares y al que acaba de destronar Bill Gates como hombres más rico del mundo tras haberlo sido durante los cuatro últimos años, según el ránking de la revista Forbes. Aunque se ha publicado que González cobra del multimillonario, nunca se ha aclarado.

Se casó en agosto del año pasado con la que había sido su compañera sentimental durante los últimos tres años y medio, la economista Mar García Vaquero. Antes, lo estuvo con Carmen Romero durante 39 años, madre de sus tres hijos, aunque su relación se rompió mucho antes.

Zapatero dejó la presidencia con 51 años y es el único expresidente que forma parte del Consejo de Estado, después de que Aznar lo abandonara en el 2006 para dedicarse a trabajar para Murdoch. Cobra su pensión vitalicia de expresidente y su sueldo en la institución consultiva del Gobierno. En total, unos 150.000 euros. Lleva una vida bastante rutinaria. Se despierta pronto, sobre las siete de la mañana. También sale a correr tres o cuatro días a la semana. Luego acude, los lunes y los jueves, al Consejo de Estado, donde tiene un despacho austero, en el que solo caben una mesa y dos sofás pequeños, con otra mesa pequeña. Los martes, miércoles y viernes trabaja en la sede de la Fundación Ideas, en Gobelas. Es presidente del consejo de Progreso Global, del que forma parte también Bill Clinton. Da contadas conferencias y no viaja mucho. Tiene la firme voluntad de no interferir en la vida política, de la que lleva todo este tiempo casi desaparecido.

Aunque su intención era residir en León tras dejar La Moncloa, no ha sido así, ya que sus dos hijas querían seguir viviendo en Madrid, donde tienen sus amigos. Por ello, ha puesto en venta el chalé que se estaba construyendo en esa ciudad por una cifra inicial de 600.000 euros. Ahora vive en otro de la lujosa urbanización madrileña de Villamarín, de 450 metros cuadrados, cuatro plantas con ascensor, piscina y yacusi.

Zapatero ha contado que durante este tiempo lejos del poder ha recuperado «buenos momentos con la familia y los amigos, que a uno le dan la vida» y tiene más tiempo para leer y escribir. Confiesa que ha pasado de la preocupación constante y la angustia que vivió en su última etapa a una preocupación por el país desde la distancia.

En otoño se publicará el libro que ya tiene escrito, que no son unas memorias, sino su valoración sobre la crisis y cómo fue su experiencia al frente del Gobierno para afrontarla.

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