Una batalla política y dos jueces de personalidad antagónica

la Voz

Qué hay detrás de la batalla entre los jueces Ruz y Bermúdez? No es solo una pugna estrictamente judicial con formas de esgrima jurídica. Hay también una pelea política en la que están en juego los intereses del PP en la causa, así como dos concepciones personales muy distintas, casi opuestas, del modo de ejercer la labor de juez. Una vez que el caso ha llegado a la Audiencia Nacional, el PP prefiere que los papeles se conviertan en una parte del caso Gürtel antes que tener dos frentes en dos juzgados distintos. Y quiere que Ruz lleve el caso. Primero, porque entiende que se trata de un juez con menos autoridad al hallarse en comisión de servicio tras la expulsión de Garzón. Ruz será sustituido por Miguel Carmona, próximo al PP. Segundo, porque mantiene la esperanza de que todo el caso Gürtel sea finalmente anulado por estar contaminado por las escuchas ordenadas por Garzón y declaradas ilegales. Y si los papeles de Bárcenas son una parte de Gürtel, más posibilidades habrá de que queden en nada. Tercero, porque el PP ve a Ruz más controlable a través de la Fiscalía. De hecho, en su batalla con Bermúdez, Ruz consultó cada uno de sus pasos con Anticorrupción, y siguió siempre su criterio.

De Bermúdez teme el PP todo lo contrario. Lo considera un juez poco dialogante y autoritario. El enfrentamiento por el juicio del 11-M, en donde este instructor rechazó de plano todas las teorías conspirativas auspiciadas por dirigentes populares, no es buen precedente. Los populares aprecian una maniobra hostil en el retorcimiento de los argumentos de Bermúdez para hacerse con el caso. Y creen que su acusación a Ruz de abrir una «causa general contra el PP» es solo una cortina de humo. Juzgan además peligroso el enfrentamiento de Bermúdez con la Fiscalía, que anula cualquier capacidad de control del caso a través del ministerio público.

Dos formas de ver la judicatura

Pero, al margen de los intereses del PP, los dos magistrados presentan personalidades antagónicas. Ruz llegó al Juzgado Central de Instrucción número 5 en junio del 2010 para sustituir a Garzón. Contó con el apoyo unánime del Consejo General del Poder Judicial. Representa la antítesis de lo que se considera un juez estrella. Huye de los focos, es discreto en las formas y tiene buen trato personal. No tiene perfil político, aunque se le considera progresista, y rehúye los ataques en sus autos. Está casado y tiene tres hijos con los que procura pasar todo el tiempo que le deja el juzgado.

Bermúdez, por el contrario, es tan brillante como polémico. Fue aupado por jueces afines al PP a la presidencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, pero luego se distanció de los populares en casos como el 11-M y el Faisán. Aunque pertenece a la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura, es progresista por tradición familiar. Tiene tendencia a epatar y ser cáustico en sus autos y posee cierta rigidez en sus posiciones. Es un juez mediático, aparatoso en su forma de vestir y en su afición por las motos de gran cilindrada, y no esquiva los focos. Está casado en segundas nupcias con la periodista Elisa Beni y tiene dos hijas de su anterior matrimonio.

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