Exteriores condecora a Albor para «reparar una injusticia histórica»

Rajoy reivindica al expresidente de la Xunta y defiende en Santiago la continuidad de «ese gran proyecto común» que representa España


Santiago / La Voz

La «reparación de una injusticia histórica». Eso hizo ayer el Ministerio de Asuntos Exteriores, según su titular, José Manuel García-Margallo, al entregar al expresidente de la Xunta Gerardo Fernández Albor, a sus 95 años, la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. La insignia, reservada para quienes atesoran «comportamientos extraordinarios de carácter civil [...] que redunden en beneficio de la nación», se la impuso al veterano político en Santiago el propio presidente del Gobierno central, Mariano Rajoy, quien coincidió con el jefe del Ejecutivo autónomo, Alberto Núñez Feijoo, en presentar al homenajeado como «ejemplo» para «no rendirse» ante la adversidad y «guía» para vencer las dificultades que en estos momentos atraviesan España y Galicia.

El premiado, «un gallego a carta cabal» en definición de García-Margallo, recibió honores en el pazo de Fonseca con lucidez y honda emoción, leyendo un discurso en el que citó, entre otros, tanto a John Lennon como a Paulo Coelho. «Seguiré trabajando mientras pueda», concluyó. «Grazas ao maxisterio de Albor -le correspondió Feijoo- coñecimos a importancia de abrir a nosa existencia actual ao horizonte europeo».

Del distinguido, el presidente español destacó su «trayectoria única y ejemplar consagrada generosamente a su país». Se trata, aseveró, de un «político tan brillante en sus ideales como en su recorrido vital», que pertenece a una clase de dirigentes que «hicieron posible que España pudiera tirar más alto y llegar más lejos». Alabó igualmente la «página imborrable» que, ya como parlamentario en Estrasburgo, «dejó escrita con su paso por instituciones europeas». El nonagenario, en suma, es «un gran hombre» para Rajoy.

Este último tampoco dejó escapar la ocasión del acto para, en vísperas del arranque del 2013 político, colar mensajes en clave más madrileña que otra cosa. En tiempos de viento soberanista, puso a ondear la bandera de «ese gran proyecto común» que representa España, salió en defensa del modelo autonómico y de la «pluralidad» de sus comunidades, blandió el patrón de una Galicia «integradora e integrada», alabó el «anclaje positivo» que brinda la Constitución y rescató del armario del ayer prendas como el «consenso», el «diálogo», la «solidaridad» entre regiones, la «cooperación»... Además, sentenció que Europa está llamada a «estrechar su integración en todos los órdenes» y a caminar por una senda común «que España quiere encabezar».

No fue el único que allí optó por barrer algo para casa. Aprovechando que, como anfitrión de la ceremonia, jugaba de local, el rector de la Universidade de Santiago coló en su intervención, ante el inquilino de la Moncloa, una crítica implícita a la caída del gasto educativo. «A ciencia e o coñecemento están perdendo espazo e valor na axenda política de este país, retrotraéndonos a tempos que criamos felizmente superados», espetó Juan Casares Long.

Entretanto, fuera del complejo, en plena plaza del Obradoiro y recluidos tras vallas de seguridad que protegían decenas de policías antidisturbios, estafados por las preferentes también intentaban hacer llegar sus quejas, valiéndose de bocinas y gritos, a oídos de Rajoy. Según testigos presenciales, los agentes obligaron a varios de ellos a identificarse e incluso condujeron a dos hasta la comisaría ante la negativa de ambos a mostrar sus carnés.

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