Una huida hacia adelante del nuevo mesías


No tenía otra salida. Una vez que decidió subirse a la ola independentista de la gran manifestación de la Diada y de recibir a los pocos días el esperado portazo de Rajoy al pacto fiscal, Artur Mas no tenía más escapatoria política que adelantar las elecciones y convertirlas en un plebiscito sobre el derecho de autodeterminación de Cataluña. Una huida hacia adelante arriesgada, temeraria y peligrosa. Pero espera que apelar a un sentimiento nacional arraigado y en auge en buena parte de la sociedad catalana le puede reportar sustanciosos réditos en las urnas. Al tiempo, pretende relegar a un segundo plano su más que discutible gestión durante estos dos años, que ha culminado con la petición de un rescate de más de 5.000 millones al Estado del que se quiere separar, después de haber hecho recortes draconianos que han causado estragos en numerosos ciudadanos. Claro está, él dice que no tiene culpa alguna de la desastrosa situación financiera de la comunidad que preside: eso es cosa de la herencia recibida del tripartito y de la deslealtad de Rajoy, que no paga lo que debe a Cataluña. Artur Mas ha decidido envolverse en la senyera y transformarse en el mesías que lleve a Cataluña a liberarse del yugo español.

Lo que hay que exigirle es que se deje de eufemismos y diga claramente de una vez por todas si su apuesta es la independencia pura y dura, un Estado asociado como Puerto Rico o tener «estructuras de Estado», para que así los catalanes voten con conocimiento de causa.

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