Aguirre esgrime motivos personales, pero su dimisión descoloca al PP

La renuncia desata especulaciones sobre su salud y llega tras fuertes desavenencias con Rajoy


Madrid / La Voz

De forma sorprendente, Esperanza Aguirre anunció ayer su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid y como diputada regional. La noticia provocó una gran conmoción en el PP, en donde nadie era consciente de su intención de abandonar la política activa. La presidenta madrileña adelantó que tiene también la intención de dejar la presidencia del PP de Madrid porque no le gustan, según dijo, «las bicefalias, como en el PNV», aunque no aclaró si esta renuncia será también inmediata.

Tras comunicárselo a Mariano Rajoy por la mañana, explicó en rueda de prensa, apenas media hora después y con la voz entrecortada, su decisión de retirarse «de la primera línea de la política», en la que lleva 29 años, nueve de ellos al frente de la autonomía madrileña. Esgrimió motivos personales para tomar un decisión que calificó de «durísima», señaló que el cáncer de mama que sufrió hace un año había influido, aunque está «presuntamente curada», pero también otros acontecimientos personales vividos recientemente.

La alusión a que su enfermedad solo está «presuntamente» curada disparó todas las alarmas sobre su salud y sobre la posibilidad de que se le haya podido detectar un rebrote del cáncer que se creía ya superado. Además, la reciente muerte de la diputada del PP Nieves Navarro, que conoció que padecía cáncer al mismo tiempo que Aguirre, ha podido influir negativamente en su ánimo.

La presidenta de Madrid afirmó que «es esencial elegir el momento» para retirarse y dedicar más tiempo a sus nietos, sus hijos, su marido, su madre y sus siete hermanos y que siempre había considerado la política como una «actividad temporal». Pero no aclaró por qué considera que este es el mejor momento, aunque no lo es desde luego para Rajoy, inmerso en una precampaña electoral y negociando un rescate.

Aguirre, de 60 años, cerró cualquier posibilidad de volver a la contienda política. «Esto no tiene vuelta atrás, es cruzar el Rubicón», afirmó. Su inesperada dimisión causó sorpresa en la dirección nacional del PP y abrió un cúmulo de interrogantes. El principal si hay razones políticas ocultas, como pudieran ser sus discrepancias con algunas decisiones de Rajoy. «He estado esperando a que Mariano Rajoy me diera la entrevista para anunciárselo a ustedes», dijo ayer, en una frase que sonó a reproche. Lo único que rechazó tajantemente es que haya tenido que ver su oposición a la concesión de la libertad condicional al etarra Josu Uribetxebarria Bolinaga. Aunque siempre se mostró crítica con la forma de dirigir el partido de Rajoy, en los últimos meses ha tenido también encontronazos importantes con sus decisiones al frente del Gobierno. Aguirre no se ha reprimido a la hora de exigir un ritmo más acelerado en las reformas y mayor firmeza con los desafíos nacionalistas y con la gestión del final de ETA.

Su sustituto en la presidencia de la Comunidad de Madrid, en la que parece completamente descartado un adelanto electoral, será su brazo derecho y al que lleva tiempo preparando para ser su delfín, el actual vicepresidente, Ignacio González.

En un comunicado, Rajoy valoró la «enorme trayectoria» política de Aguirre y aseguró que siempre será uno de los «grandes activos» del PP. Alejando cualquier imagen de discrepancia, califica de «afectuoso y entrañable» su encuentro con Aguirre.

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