El carrusel televisivo del comisario jefe del caso Bretón

la voz

Ayer, el juez de la Audiencia Nacional Gómez Bermúdez hacía pública su providencia en la que notificaba la apertura de un procedimiento contra el ministro del Interior y el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, para clarificar los indicios de un presunto delito de revelación de secretos por los detalles que ofreció el primero en la conferencia de prensa que dio el 20 julio sobre las novedades del caso Cordón.

La locuacidad en aquella comparecencia del titular de Interior -que iba para presidente del Congreso e incluso estuvo a punto de ser embajador en El Vaticano- no fue algo casual, y se volvió a poner de manifiesto semanas más tarde a la hora de vender la última operación policial contra el terrorismo yihadista en España.

La vuelta al primer plano de la actualidad del caso de los niños desaparecidos en Córdoba y el carrusel televisivo protagonizado por Serafín Castro, comisario jefe de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), y máximo responsable policial de esa investigación, apunta a que en ese ministerio la locuacidad es contagiosa.

En un ministerio donde nadie pueda hablar con un periodista sin la preceptiva autorización de la autoridad competente -unas autorizaciones que con frecuencia de dilatan meses-, el desfile del comisario jefe de la UDEV por los platós de los programas especializados en la explotación de los temas más morbosos de la actualidad, cuando menos, no es causal. Si no acude como mandado, como mínimo, lo hace con el consentimiento expreso de sus superiores.

Sus intervenciones públicas, una vez más -recuérdese su papel en la rueda de prensa posterior al hallazgo del Códice Calixtino, en la que ofreció un perfil del detenido, de quien dijo que tiene «un carácter cerrado, oscuro, gallego», a lo que añadió, con ironía, que guardaba el dinero «debajo del ladrillo, como todos los gallegos»-, con la indiscutible carga de subjetividad que contienen, no parecen muy propias de un responsable policial con una participación activa en un caso que está subiudice, máxime cuando el proceso puede acabar en manos de un jurado popular.

Pero Serafín Castro no es el único que ha pecado de exceso de locuacidad televisiva. También lo hizo el fiscal encargado del caso. El espectáculo no ha acabado. Como cualquier culebrón que se precie... continuará.

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