Las tensiones nacionalistas amenazan el otoño político

Patxi López acusa a Urkullu de pretender «la independencia a plazos»


Redacción / La Voz

La vicepresidenta del Gobierno no deja de advertirlo desde que Patxi López anunció el adelanto de las elecciones vascas al 21 de octubre. Las encuestas pronostican una victoria del PNV en competencia directa con EH Bildu. La sola idea de que los herederos de Batasuna puedan ganar los comicios pone los pelos de punta al Gobierno. Pero aunque no lo consiga, la batalla por atraerse el electorado nacionalista, en recomposición tras el anuncio de cese de la violencia por parte de ETA, puede acentuar la deriva soberanista del PNV. Así lo temen tanto el Gobierno como los socialistas. Si en días previos fue Soraya Sáenz de Santamaría quien advirtió de las tensiones nacionalistas, ayer lo hizo Patxi López. El lendakari acusó al líder del PNV, Íñigo Urkullu, de esconder «su objetivo más querido: un nuevo estatuto político» para el País Vasco, que, en opinión de López, es lo mismo que «la independencia a plazos».

El temor del Gobierno no se agota en lo que pueda ocurrir en el País Vasco. Su preocupación mayor es que esa dinámica nacionalista radicalice aún más la postura del Gobierno catalán, que ha hecho del pacto fiscal su caballo de batalla y pretende utilizarlo como punta de lanza en su enfrentamiento con el Ejecutivo central para aliviar a corto plazo su situación y mejorar significativamente al largo su capacidad financiera. La pretensión de la Generalitat es avanzar hacia un sistema similar al concierto vasco, por el cual la administración autonómica recauda directamente los impuestos en la comunidad y después paga una cantidad al Estado por los servicios que presta la Administración central. El presidente catalán, Artur Mas, ya ha hecho una llamada a sus conciudadanos para que conviertan la Diada (jornada de exaltación catalanista, el 11 de septiembre) en un acto de reafirmación y reclamación del pacto fiscal.

Al Gobierno le preocupa especialmente esta presión porque va a coincidir en el tiempo con las negociaciones con Bruselas sobre un eventual rescate de España. Si uno de los males de la situación económica que más recelos suscita en la UE y en los mercados es el desbocado déficit de las comunidades autónomas, la disputa con Cataluña no ayuda precisamente a fortalecer la postura del Gobierno, cuya capacidad para conseguir que las autonomías se ajusten a las previsiones está seriamente puesta en duda.

«Si queremos que vuelvan a confiar en nuestro país, que tengan confianza en nuestro sistema, tendrá que ser con un sistema estable», advirtió el viernes la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Pero los nacionalistas catalanes no están dispuestos a relajar la presión. «Ve la paja en el ojo ajeno y no sabe ver la viga en el propio», respondió en Twitter el portavoz parlamentario de CiU, Duran i Lleida, en alusión a las tensiones en el seno del Gobierno entre los ministros Montoro, De Guindos y Soria, o al «absentismo» de Mariano Rajoy.

Más contundente aún fue la contestación del consejero de Economía catalán, Andreu Mas-Colell, el ariete más afilado del equipo de gobierno de Artur Mas. En declaraciones que ayer publicó el diario francés Le Figaro, advierte que si, como es previsible, Rajoy rechaza la propuesta de pacto fiscal, eso supondrá que «la definición de España que prevalece es la de una nación única y uniforme». La conclusión, dice, es que «entonces Cataluña no tiene su lugar» en España. El consejero argumenta que su comunidad ha sido la primera en aplicar medidas radicales de austeridad, por lo que «la importancia de nuestra deuda [un 21 % del PIB, la mayor de todas las comunidades con gran diferencia] demuestras que el sistema de financiación no es satisfactorio». Y si el Gobierno no se aviene a negociar, no descarta someter a referendo la propuesta de pacto fiscal.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos

Las tensiones nacionalistas amenazan el otoño político