Los candidatos tratan de marcar distancias con la banca


madrid / la voz

Presentarse a las elecciones de la mano de los bancos cotiza a la baja. Rajoy tiene claro que no hace falta ser un indignado para considerar a la banca como la máxima responsable de la crisis. Que ni siquiera hace falta ser de izquierdas para pensar así. Y que en tiempos de falta de crédito para familias y pequeñas empresas, incluso entre los votantes el PP los banqueros se han convertido en el enemigo público número uno. De ahí que las palabras del líder del PP comprometiéndose a «hablar» con las entidades financieras para que asuman su responsabilidad suenan a una concesión a esa mayoría del electorado que no entiende por qué los sueldos de los banqueros se mantienen en niveles estratosféricos, y subiendo, mientras los suyos menguan. Pero más allá de ese etéreo compromiso de «hablar» con ellos, no parece que entre las prioridades de Rajoy, en caso de que llegue a la presidencia del Gobierno, figure la de apretar las clavijas a los bancos o imponer una reducción de sueldos a los banqueros y ni siquiera la de subir los impuestos a los ricos.

La relación entre políticos y banqueros no ha sido siempre igual de tensa, incluso en época electoral. Hasta hace muy poco, el apoyo más o menos expreso de los máximos responsables de las entidades financieras a un líder político se consideraba un plus de confianza en su capacidad de gestión y en la estabilidad de sus políticas.

Zapatero alentó la proximidad

Poco antes de las elecciones autonómicas, el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, sorprendió invitando a Zapatero a aplazar el debate sucesorio y a no adelantar los comicios generales, lo que se consideró un voto de confianza en el presidente. El propio Zapatero había alentado la imagen de proximidad con la gran banca, hasta el punto de que en septiembre del 2007 no dudó en dejarse fotografiar en mangas de camisa junto a Botín en el despacho del magnate. Algo que, por cierto, sentó muy mal en el PP. Pero Rubalcaba comprendió pronto que, con los ciudadanos pasando apuros, esas imágenes no sumaban precisamente votos. Y por ello alimentó la demonización de la banca como guiño al 15-M. En el otro lado, Rajoy sabe que cuenta con el apoyo nítido del otro gran banquero español, el presidente del BBVA, Francisco González. Pero, lejos de presumir públicamente de ello, el líder del PP prefiere mantener las distancias y huir de cualquier sensación de proximidad al gran capital. Los populares saben que durante la campaña electoral el candidato socialista tratará de situar a los banqueros del lado de Rajoy.

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