El Gobierno intenta evitar que cunda la idea del fin de ciclo

Nerviosismo entre los dirigentes del POSE por la debacle en Cataluña


madrid/la voz.

El ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, defendió ayer ante los diputados socialistas que las elecciones catalanas tienen unas «singularidades específicas», por lo que sus resultados no tienen nada que ver con las generales. «No debemos dejarnos engañar por las consignas de la derecha, con la pretensión de trasladar los resultados electorales de Cataluña al conjunto de España», afirmó. El Gobierno se está empleando a fondo para evitar que cunda la sensación de fin de ciclo, que no solo fomenta el PP, sino que teme se contagie al propio PSOE.

El desastre del PSC, más profundo de los esperado, se une a los ataques de los mercados que agudizan la crisis económica y financiera y la crisis del Sáhara, que han anulado el efecto Rubalcaba, con el que Zapatero quería iniciar la remontada.

Aunque públicamente los dirigentes socialistas tratan de negar que se pueda hacer una lectura nacional, el batacazo catalán ha provocado el nerviosismo de los barones regionales, que ya manejan encuestas muy preocupantes, que los ponen en riesgo de perder feudos como Andalucía y Castilla-La Mancha. La dirección socialista culpa de la derrota a la mala gestión y los líos internos del tripartito. Pero dirigentes y diputados admiten en privado que una parte del desgaste de los socialistas catalanes obedece a un descontento general generado por la crisis. Los diputados críticos de Izquierda Socialista así lo expusieron ante Jáuregui.

Malestar con Montilla

Por otro lado, en Ferraz no ha gustado la decisión de José Montilla de anunciar la misma noche electoral que dejará el cargo de primer secretario del PSC, ya que abrirá un período conflictivo, en el que aflorará la lucha por el poder y las divisiones internas, lo que podría tener coste electoral en las municipales de mayo, donde los socialistas se arriesgan a perder Barcelona, su joya de la corona.

Montilla asumió ayer la responsabilidad del fracaso del PSC, que obtuvo el peor resultado electoral de su historia. El presidente de la Generalitat en funciones, que ha renunciado a su escaño, reconoció que su falta de liderazgo contribuyó a los pésimos resultados del domingo. «Tuvimos que haber tomado determinadas decisiones», admitió. También reconoció que hubo fallos en la política de comunicación del Gobierno por no tener un portavoz. En todo caso, aseguró que para que se produjera una derrota tan estrepitosa tuvieron que conjugarse varios elementos para formar una «tormenta perfecta», como «la crisis económica, la desafección provocada por la dura pugna sobre la reforma del sistema de financiación autonómica y la espada de Damocles de la sentencia del Tribunal Constitucional respecto al Estatut».

Por su parte, dos días después de que ERC perdiera más de la mitad de sus votos y escaños, pasando de ser la tercera a la quinta fuerza política, su líder, Joan Puigcercós, anunció ayer que pondrá su cargo a disposición del próximo consejo nacional. Eso no quiere decir que renuncie a seguir al frente, aunque «si los compañeros me retiran la confianza daré un paso atrás y continuaré trabajando por el proyecto de Esquerra desde la más estricta militancias de base». Otro destacado dirigente, el presidente del Parlamento, Ernest Benach, hizo pública su renuncia al acta de diputado.

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