Montilla o Mas, dos estilos al asalto de la Generalitat

Los separan origen, educación e ideología, pero ambos son reservados y gestores


MADRID/la voz.

¿Un charnego cordobés sin carisma en pleno repliegue españolista o un proclamado independentista perteneciente a la pequeña burguesía industrial barcelonesa? ¿Un autodidacta que cursó el bachillerato de noche mientras trabajaba en un taller y que no tiene carrera universitaria o un estudiante del Liceo Francés y de la prestigiosa Escuela Aula que se licenció en Económicas? ¿Un político envarado, soso y apagado, con un catalán manifiestamente mejorable y alérgico a las cámaras o un guapo que sabe que lo es, fotogénico, y de discurso tan articulado que es de los pocos políticos que aguantan una transcripción de sus palabras de la grabadora al papel sin apenas correcciones? ¿Un amante de la novela negra o un devoto de la poesía francesa que recita en francés a Baudelaire? ¿José Montilla o Artur Mas?

Dos políticos de biografías, procedencias y gustos muy distintos compiten de nuevo por la presidencia de Cataluña el 28 de noviembre. Pero también tienen puntos en común: ambos están considerados como buenos gestores en los cargos que han ocupado, son reservados y tímidos, luchan por humanizar sus biografías un tanto monótonas y transmitir relatos más atractivos sobre sí mismos y, a diferente escala, son self made men, hombres hechos a sí mismos.

Si uno es el anti-Maragall, el otro es el anti-Pujol, muy alejados del divismo y el egocentrismo de sus antecesores, que fueron dos descomunales animales políticos. Y los dos han tenido que gestionar las endiabladas herencias de sus brillantes predecesores. También han sido objeto de las burlas del programa satírico de televisión Polònia. Montilla, retratado como un político sin sustancia que habla un mal catalán y aburre a las ovejas con sus chistes malos; Mas, como un pijo creído, engolado y vanidoso, rígido como un Madelman. Ambos están en desacuerdo con sus retratos, pero han tenido el suficiente cuajo para participar en el programa. Y quizá también compartan haber sido traicionados por Zapatero, que pactó con Mas el Estatuto a espaldas de Montilla, pero luego no cumplió sus compromisos con el líder de CiU de que sería presidente quien tuviera más diputados.

Las estrategias

Montilla se propone luchar por movilizar al electorado socialista, especialmente del «cinturón rojo» de Barcelona, donde Zapatero arrasó en las elecciones generales. Su reto será atraerse a los votantes más españolistas sin espantar a los más catalanistas. Por su parte, Mas tendrá que equilibrar su declarado independentismo, cuya plasmación pospone a un futuro, cuando las condiciones sean más favorables, con el centrismo y la moderación tradicionales de CiU, y rebajar la euforia de sus seguidores.

Todo apunta a que Mas aprovechará su tercera y última oportunidad, pese a que la última encuesta del CIS le ha dado un gran susto, al pronosticar un empate entre CiU y el tripartito.

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