Un luchador nato que no se dejó domar, doblegar ni domesticar

Camacho fue uno de los mayores referentes de la lucha política y social que tuvo la izquierda española


REDACCIÓN/LA VOZ.

«Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar», gritó al salir de la cárcel en 1975, un mes después de la muerte de Franco. Ese fue el lema del histórico sindicalista Marcelino Camacho que reflejaba claramente su espíritu combativo en defensa de los trabajadores. Un luchador nato que se convirtió en uno de los mayores referentes de la lucha política y social que tuvo la izquierda española. Pasó de ser preso político durante el franquismo a líder de Comisiones Obreras durante el primer decenio de la democracia.

En el repaso a su vida quedaron hitos como su militancia en el PCE -con solo 17 años- , su apresamiento al final de la Guerra Civil, los exilios en el Magreb y en Francia, el retorno a España en 1957 y la fundación del sindicato Comisiones Obreras.

En 1965, en París, conoció a Dolores Ibárruri, la Pasionaria , y al secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Su osadía contra el franquismo lo condujo a ser imputado en el Proceso 1001 -en el que el fiscal pidió 161 años de cárcel para toda la cúpula del sindicato- que lo llevó de nuevo a la cárcel. En todos los períodos en que estuvo entre rejas, Camacho sumó 13 años de reclusión.

Fue parlamentario por el PCE en las elecciones de 1977 y 1979, pero en 1981 entregó el acta de diputado como protesta por la aprobación del Estatuto de los Trabajadores. Desde entonces, su actividad se centró en la secretaría general de CC.?OO., ya que también dimitió de sus cargos en el comité central del PCE, tras la derrota electoral de 1982. Líder indiscutible del sindicato, Camacho fue elegido de forma sucesiva en cuatro congresos, hasta que en 1996 lo relevó Antonio Gutiérrez.

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