Garzón, único español entre las personas más influyentes

Ocupa el puesto 57 entre los 100 mejores pensadores globales del año de la revista «Foreign Policy»


La prestigiosa revista estadounidense de política internacional Foreign Policy ha incluido al juez Baltasar Garzón en la lista de los 100 pensadores globales que han contribuido más decisivamente a conformar el mundo durante el año 2009.

El magistrado de la Audiencia Nacional ocupa el número 57 de esa lista «por demostrar que ningún dictador está a salvo». El ránking hecho público ayer en la edición norteamericana de la revista no incluye a más españoles, pero sí a dos intelectuales hispanos: el escrirtor peruano nacionalizado en España Mario Vargas Llosa -en el puesto 63- y el historiador mexicano Enrique Krauze, por «promover la democracia en América Latina».

En el puesto número uno aparece el presidente de la Reserva Federal norteamericana, «por haber evitado una nueva gran depresión», seguido de Barack Obama, «por reinventar el papel de América en el mundo». El papa Benedicto XVI se sitúa en el puesto 17, «por demostrar que incluso lo que es infalible puede cambiar».

«Cruzado de la ley»

En la presentación del magistrado español, la prestigiosa revista norteamerica señala que «desde que procesó al dictador chileno Augusto Pinochet en 1998, durante un viaje del ex presidente a Londres, Garzón ha adquirido una reputación internacional como cruzado de la ley y azote de narcotraficantes, terroristas y funcionarios gubernamentales corruptos».

Añade la revista Foreign Policy que «Garzón cree que las leyes se extienden más allá de las fronteras nacionales, lo que ha hecho de él un héroe en el mundo de los derechos humanos, una molestia para los políticos y una fuerza intelectual de primer orden para una jurisprudencia que cruza fronteras en un mundo cada vez más desprovisto de ellas».

Recuerda la revista que la pasada primavera Garzón anunció que estaba investigando a antiguos funcionarios estadounidenses por su implicación en la política de interrogatorios en la era Bush y que «un avergonzado Gobierno español recomendó no seguir el proceso». Cita también que poco después Garzón encontró otro «controvertido objetivo: los abusos cometidos durante la era autocrática de su país bajo Francisco Franco».

La publicación recuerda que no era esa la primera vez que resucitar el pasado suponía un peligro político para Baltasar Garzón. «Es -dice- objetivo de una querella de un grupo derechista por querer levantar las tumbas, literalmente en muchos casos, de inmumerables muertos».

Este reconocimiento internacional supone todo un balón de oxígeno moral para el titular del Juzgado Central de Instrucción número cinco de la Audiencia cuando está a la espera de que el Supremo lo impute formalmente por la querella del seudosindicato Manos Limpias, lo que lo apartaría, al menos provisionalmente, de la carrera judicial.

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