Los socialistas confían su victoria en el País Vasco a la desmovilización del electorado de los nacionalistas


El Partido Socialista de Euskadi tiene posibilidades ciertas de desalojar a los nacionalistas del Gobierno vasco, según reconocen propios y extraños, pero para que esas perspectivas se cumplan es necesario, entre otros elementos, que una parte del electorado del PNV no se movilice el 1 de marzo. Un objetivo que los socialistas ven posible por el desencanto del sector más posibilista de ese partido con la estrategia soberanista de Juan José Ibarretxe.

Mientras llega el día de las votaciones, los sondeos que manejan las fuerzas políticas coinciden en apreciar una tendencia al alza del PSE y un estancamiento del nacionalismo, lo que implica que, a un mes de los comicios, estén igualados.

El socialista Patxi López puede ser el primer lendakari no nacionalista. Desde las primeras elecciones al Parlamento vasco, en 1980, el PNV ha gobernado sin interrupción; ora en solitario durante la etapa de Carlos Garaikoetxea; ora con los socialistas en la fase de José Antonio Ardanza; o mediante un acuerdo tripartito con otras fuerzas nacionalistas bajo los mandatos de Ibarretxe. El PSE puede acabar con 29 años de régimen peneuvista siempre que se confirme la tendencia apuntada en las anteriores autonómicas del 2005 y, sobre todo, en las generales del 9 de marzo.

Los socialistas se ven con opciones de gobernar, pero a la vez les invade el vértigo a generar unas expectativas que las urnas pueden defraudar. Se han puesto como primera tarea evitar el frentismo y superar la confrontación nacionalista no nacionalista, puesta en práctica en el 2001 con Mayor Oreja a la cabeza de una sociedad PP-PSE y que desencadenó una movilización nunca vista en la que Ibarretxe forjó su victoria más espectacular.

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