Zapatero e Ibarretxe tratarán de sacar rédito electoral al desacuerdo sobre el futuro del País Vasco


José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe se reúnen mañana en La Moncloa con la mirada dirigida a las elecciones autonómicas de este otoño o la próxima primavera. Ambos saben que el acuerdo sobre la propuesta del lendakari es inviable, pero intentarán que esa discordancia sea lo más rentable posible en términos electorales para sus intereses. El presidente del Gobierno hará gala de firmeza constitucional y el jefe del Ejecutivo de Vitoria podrá alimentar el victimismo.

La novena entrevista entre ambos en cuatro años será un diálogo de sordos. Las opiniones de uno y otro no tienen ni un solo punto de convergencia. Zapatero ha delimitado con claridad las lindes del terreno de juego: las jurídicas, ley y Constitución, y las políticas, consenso previo entre nacionalistas y no nacionalistas. Unas costuras muy estrechas para las pretensiones de Ibarretxe y su «propuesta para la convivencia» entre España y el País Vasco.

El lendakari, en un arranque de calculado optimismo, manifestó este viernes que el acuerdo «es posible», pero es una fe a todas luces irreal, según admiten hasta los propios nacionalistas. El Gobierno, a su vez, tampoco alberga dudas sobre la imposibilidad de un entendimiento en los términos que plantea el documento de Ibarretxe. «No habrá consulta sobre el derecho de autodeterminación ni órgano común con Navarra», sostiene con rotundidad un estrecho colaborador de Zapatero.

Declaraciones de Blanco

«No se puede entender su propuesta porque son planteamientos que no caben en la Constitución», corroboró ayer el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, quien, en declaraciones a RNE, adelantó que el lendakari «tendrá una respuesta como tuvo en su día el plan Ibarretxe».

Entonces, ¿para qué se reúnen? El presidente del Gobierno recibe a Ibarretxe por el prurito democrático de no negar la palabra al máximo representante de una comunidad autónoma. El lendakari pide el encuentro porque quiere demostrar que ha hecho lo posible por llegar a un pacto sobre su plan soberanista.

Sabedores de la inutilidad práctica de la reunión, otra cosa es el gesto democrático de mantenerla, ambos se la toman como el arranque de la campaña electoral en el País Vasco que desembocará en unos comicios en otoño, si Ibarretxe los adelanta, o en la próxima primavera, cuando corresponde.

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