Fuego electoral amigo y enemigo

Menuda precampaña: ofertas fin de temporada del Gobierno, conflictos graves en todos los partidos y mucho fuego. Incluso «fuego amigo», como dijo Felipe González


La cosa comenzó en el PP con la batalla por el número dos de la lista por Madrid. Ruiz Gallardón aspirante, Esperanza Aguirre furiosa porque ella no puede optar si no dimite como presidenta de la comunidad, Rato sobrevolando pero sin aterrizar, Zaplana y Acebes decididos a impedir el desembarco del alcalde, etcétera. Zapatero clavó una daga en el liderazgo de Rajoy : «Yo nunca había visto un partido en el que la lucha sea por ir de número dos». A Mariano lo nombraron candidato oficial, aunque no hiciera falta, para acabar con los rumores. Y sobre el número dos, ya decidirá él en su día. Como debe ser.

Al lío en el PP le ha sucedido el culebrón catalán, con seria amenaza de divorcio entre Convergència i Unió. A Duran i Lleida no le gusta la deriva soberanista de Artur Mas y ha puesto condiciones para no romper. Se ha firmado una paz cosmética, pero hasta Jordi Pujol tuvo que amenazar con presentarse como candidato a diputado en Madrid -ya lo fue en el 77 y el 79- para que la coalición no se rompiera. Foto final provisional: Duran será candidato y Mas queda todavía más debilitado. Sólo gana posiciones Oriol Pujol , hijo del ex presidente, actual diputado en el Parlamento catalán.

De Izquierda Unida mejor no hablar, porque desde los tiempos de Santiago Carrillo , que aglutinaba todas las tendencias en el PCE, es el mejor ejemplo visual de la desintegración del átomo, pero en política. A Gaspar Llamazares le discuten todo Paco Frutos y Alcaraz , incluida su propia candidatura. Pueden quedar como extraparlamentarios. Aún sigue la reyerta.

Los vascos, ya se ha visto. Han evitado otra escisión del PNV a base de que Imaz y Egiba r renunciaran a presidir el partido. El fantasma de la guerra Arzalluz-Garaikoetxea planeó de nuevo.

Guerra del fútbol

Así estaban de encendidas las hogueras y el PSOE mirándolas cuando llega Felipe González y en el homenaje cívico a Jesús de Polanco suelta una crónica cáustica sobre lo que está ocurriendo en la segunda «guerra del fútbol», que él comparó con la guerra de Irak.

Allí estaban medio Madrid y tres cuartas partes del poder de España. Desde banqueros a sindicalistas, desde artistas a influyentes escritores, grandes empresarios y editores, casi todo el arco parlamentario, siete ministros, presidentes autonómicos, poder judicial variado y el nuncio de Su Santidad.

Ante aquel auditorio, Felipe justificó su relación de amistad con Polanco y tomó partido a favor de Prisa frente al poder emergente de Mediapro, que se supone cercano a Zapatero, más que nada porque ellos lo exhiben. El presidente asegura que tiene amigos, o cree tenerlos, en todos los medios de comunicación y que el fútbol para él no es más que un deporte.

Pero la segunda guerra del fútbol es más devastadora que la primera, entre otras cosas porque se refleja en las cotizaciones en Bolsa. Por todo eso es pelea a muerte en la que se entrelazan de nuevo negocios y política, fútbol y multimedia.

Felipe aseguró que Jesús de Polanco, si estuviera vivo, sufriría mucho y le dolería especialmente el «fuego amigo». Ya saben: en unos días sale un nuevo diario - Público - que se colocará a la izquierda de la supuesta izquierda editorial. Si con eso El País pierde su liderazgo, quien gana es El Mundo de Pedro J. Ramírez . Que se vea eso con simpatía en Moncloa, estremece y cuesta creerlo a quienes acompañaban la otra noche a la familia Polanco en ese homenaje. Moncloa mantiene que no quiere intervenir en esa guerra ni en ninguna otra. Pero González, a la no intervención, la llamó «fuego amigo». O así se entendió.

Ofensas a la monarquía

Como ven, no solo está en juego la presidencia del Gobierno. Es una partida tan compleja que apenas hay tiempo para ocuparse de la proliferación de ofensas a la monarquía. Solo faltó que una cadena de televisión invitara la otra noche a Ricardo Sáenz de Ynestrillas , ultraderechista condenado como coautor de un asesinato, para defender la figura de Franco . Sobre todo se dedicó a calumniar al Rey. En Zarzuela, como cabe imaginar, preocupa la intensidad del «fuego enemigo».

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