Una sólida cadena de seducciones

Joaquín Merino MADRID

ESPAÑA

Crítica | Gastronomía COMER EN ESPAÑA: Lía...me Yo iba con mis reticencias, acaso por la zona y el nombrecito, pero ciertos argumentos de peso las disiparon: tales argumentos se llamaban croquetas, pulpo, Lía Chapman

21 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Lía...me (C/ Reina, 25, Madrid, tno. 915 223 483) está celebrando su primer año de existencia, pero no me enteré en su momento de la inauguración, de modo que ésta era mi primera visita. Hay por Chueca y sus aledaños muchos interiorismos minimalistas o recargados, y la mayoría de las veces con poquísima gastronomía dentro. Resulta que iba con ciertos prejuicios, y resulta que no estaban fundados, y resulta que me alegro de propalarlo. En fin, hay una amplia barra para tomar mojitos o vaya usted a saber, una decoración soothing , con tonos amarronados, cuadros modernistas y ventanitas que dan a un patio sugerente, a base de plantas y luces, aunque sea un patio corriente y moliente. Me tocó una de las ventanitas, y empecé a sentirme feliz. Las croquetas de ibérico y huevo duro, contundentes de tamaño y logradísimas de sabor, incrementaros mi incipiente dicha. Una velita sobre la mesa, más bien lamparilla, inducía a la conversación sin estridencias, la cubertería me pareció harto agradable, habituado a los horrores minimalistas y, en fin, el único anti-climax eran las servilletas de papel, nota discordante en aquel contexto, pero hete aquí que aparece el carpaccio de pulpo cocido sobre mousse de patatas, pimentón de la Vera y sal Maldón ¡y que estaba buenísimo! Me olvidé de las servilletas. El salteado de verduras de temporada con virutas de queso sabía a lo que tenía que saber, y el solomillo de buey con foie y reducción de Armagnac, poco y bien hecho, me pareció sobresaliente. Aforo para sesenta comensales, carta de vinos muy bien seleccionada (bebí con delectación el Condado de Haza reserva 2000), servicio amable y eficaz, a cargo en nuestro caso de una camarera dominicana muy preñadita pero adorable, y resumiendo, una carta-carta terriblemente atractiva, con carnes espectaculares, ya hemos quedado, y pescados y postres que no les van a la zaga. Su máximo responsable es el buen chef vasco Carlos Pitillas, propietario a su vez del restaurante A Fuego Lento en Algete y perfectamente respetuoso con las materias primas, hecho inhabitual que le enaltece. Hay una segunda cocina, dominicana, a cargo del chef David Esteban Pereira, pero no me acordé hasta el final, ya ahíto, y no era cosa de volver a empezar. Sí reclamé la augusta presencia de la propietaria Lía Chapman, simpatiquísima y de todo, con quien me identifiqué de principio a fin al declararnos ambos croqueteros compulsivos. Es dominicana-neoyorquina-española, modelo a los diecisiete años y después un montón de cosas más entre ellas artista de cine ( Crazy in Alabama con Antonio Banderas), y frecuente presencia televisiva en series como Una gloria nacional de Jaime de Armiñan, actriz teatral (¡nada menos que La Gata en el Tejado de Zinc!) , cantante, licenciada en Sociología y mil cosas más. Abruma. Ahora viene cansada pero feliz de un curso de preparación corporal -dice muy seriecita que «hay que trabajar el instrumento»-y está produciendo y dirigiendo un corto, del que será también protagonista. ¡Ah!, su restaurante solo se abre por las noches.